¿Puede un tribunal declarar la guerra a varios de los abogados defensores del juicio del procés? ¿Es inteligente que los defensores declaren la guerra al presidente del tribunal que es además el ponente de la futura sentencia? En ambos casos, la respuesta parece negativa, pero lo que es seguro es que la prolongación del juicio y la tensión en las últimas jornadas han colocado la vista en un momento muy peligroso, el mismo que el magistrado Manuel Marchena había querido evitar desde el primer día. 

La tensión fue en aumento durante toda la mañana del martes. Marchena y la defensa de Jordi Cuixart se cruzaron palabras serias a causa de la decisión del juez de interrumpir de forma tajante a testigos que creía que estaban incluyendo observaciones personales y no pertinentes. Ninguno quiso dar un mitin, pero en un juicio lo que cuenta es lo que diga el tribunal. 

Benet Salellas se indignó y denunció lo que llamó «la vulneración de derechos fundamentales que se está produciendo». Eso es terreno minado para el tribunal, porque podría utilizarse como argumento en un recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Al final de la discusión, Salellas, muy molesto, decidió no hacer más preguntas y Marchena soltó un «pues mucho mejor» que sonó bastante desabrido. 

Marchena ya se había calentado con la respuesta de la testigo Marina Garcés –profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza– a la pregunta habitual de si conocía a alguno de los acusados. Garcés creyó oportuno decir que «tenía pendiente un café desde hace año y medio» con Jordi Cuixart. Como relación, no parecía muy profunda. Era una obvia referencia al tiempo que lleva en prisión y resultaba un poco osado soltárselo a la cara del tribunal. Marchena no se lo tomó bien y le tomó la matrícula. 

Cuando Garcés dijo que el 1-O tenía gripe, el juez le cortó y lo consideró irrelevante. Cuando dijo que «yo el 1 de octubre aluciné. Aluciné porque…», Marchena volvió a intervenir y esta vez cargó con todo: «Si usted es profesora de Filosofía, tiene que saberlo. Usted no viene a explicar su estado febril o cuánto alucino. Sus valoraciones personales no tienen ningún interés». 

Así se las gastan muchos jueces en los juicios, porque los testigos están ahí para cumplir con su obligación y si no lo hacen, sufren las consecuencias. Esa escena, que no es inaudita en un juicio –un juez poniéndose duro con un testigo–, tiene más repercusión en un caso de estas características.

Benet Salellas y Marina Roig en una de las sesiones del juicio del procés.

Fue ese el momento en el que Salellas se quejó, también en términos rotundos. Acusó al tribunal de doble rasero por haber permitido a policías y guardias civiles hacer valoraciones personales cuando declararon como testigos.

Uno dijo que creyó ver «miradas de odio» desde un coche en una zona poco iluminada y cuando era de noche. Otro comparó lo vivido con los años del terrorismo de ETA y nadie le dijo que eso era quizá una falta de respeto con las cerca de 900 personas asesinadas en esa época.

Marchena sí pidió en algunos de esos casos que no se hicieran valoraciones personales, pero no con la misma energía. Sobre los insultos recibidos, un guardia civil llegó a decir que «ese día mi madre se tuvo que duchar doscientas veces», una afirmación muy ocurrente y probablemente inexacta, pero que sólo provocó que el magistrado pidiera a las acusaciones que hicieran preguntas más concretas para limitar la creatividad del testigo. Tuvo que hacerlo en tres ocasiones, pero no llegó a enfadarse con un agente que estaba abusando de su locuacidad.

Una reacción del tribunal sin precedentes

Hubo otro incidente el martes con otro testigo, el abogado Lluís Matamala, que insistió en explicar por qué quería declarar en catalán y al que Marchena mantuvo en pie para echarle otra bronca. «Si usted introduce cualquier elemento de debate o controversia con la decisión de esta sala, inmediatamente va a ser expulsado y asuma las consecuencias disciplinarias y penales que se pueden derivar de ello».

Tocaba un día duro en el juicio y luego pasó a ser explosivo después de la pausa de dos horas para comer. Fuentes del Tribunal Supremo comunicaron a los periodistas la indignación de todos los miembros de la Sala de lo Penal por la conducta de los testigos presentados por los abogados de Cuixart, que son Marina Roig, Benet Salellas y Àlex Solà. Llegaron a calificar de «provocación» la estrategia de defensa de estos letrados, según la información aportada por medios como las agencias EFE y Europa Press.

No hay precedentes en este juicio de una reacción tan airada contra las defensas. Y abre la vía para que la respuesta se haga en un tono parecido.

Horas después, fuentes de la defensa comunicaron a eldiario.es que Marchena quiso precisarles después de la vista que las duras críticas aparecidas procedentes del tribunal, incluida la parte de la «provocación», se referían a los abogados que habían testificado, no a los abogados defensores. 

Choque de estrategias

Algunos de los testigos presentados por la defensa de Cuixart han sido elegidos con la intención de demostrar el grado de apoyo a la convocatoria del referéndum más allá de las posiciones independentistas. Por eso, llamaron a declarar a los secretarios generales de CCOO y UGT en Catalunya. Eso molestó a Marchena, que no quiere que la sala se convierta en un foro de exposición de ideas políticas. Como siempre en un juicio, el límite al que se puede llegar es discutible.

El 6 de mayo, Marchena y Roig tuvieron una enganchada por el testimonio del líder de CCOO en Catalunya. El juez vetó las preguntas relacionadas con la firma por CCOO del Pacto Nacional por el Referéndum. Roig lo intentó varias veces sin éxito. «Le pregunto por el contenido del manifiesto que es un documento utilizado por la fiscalía (en su escrito de acusación). Si no puedo utilizar ese documento, no sé cómo puedo defender a mi cliente», se quejó Roig. La respuesta de Marchena: «Si no lo entiende, tiene un problema. ¿Le parece relevante el papel de CCOO en el tratamiento de los hechos? Yerra usted en la estrategia defensiva». 

Estas cosas pasan en los juicios. Un juez te echa una bronca y además te dice que estás haciendo mal tu trabajo. 

Se acabaron las formalidades y cortesías habituales en los juicios en el Tribunal Supremo. En varias ocasiones, Marchena ha tenido un interés especial en mostrarse cortés e incluso elogioso con varios miembros de la defensa. Precisamente, de Marina Roig dijo que es una abogada «brillante». Cualquiera diría que ahora el romance ha tocado a su fin. 

Nota: la información ha sido ampliada con la conversación de Manuel Marchena con los abogados posterior a la vista.


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