Cuando Robert Smith salió esta noche al escenario del Mad Cool y su imagen se mostró en primer plano en las pantallas, entre el público no faltaron los comentarios pretendidamente graciosetes sobre su aspecto físico. Este no es otro que el de un señor de 60 años que lleva más de 40 liderando una de las bandas más influyentes de la historia y que sigue gastando sombra negra de ojos, carmín restregado en los labios y cardándose el pelo. ¿Y qué?

Pronto se acabó la broma. Con un sonido espectacular, The Cure dejó claro desde el primer momento de su actuación que por su música no pasan los años. Ya en el arranque con Plainsong –canción del álbum Disintegration (1989), considerado una de las obras maestras de The Cure- Smith lució una inconfundible voz sorprendentemente intacta que acompañó de sus característicos gestos de mimo triste, travieso y desquiciado.

La banda británica encadenaba este tema con Pictures of you, segunda canción del mismo álbum y ejemplo del lirismo que impregnan las letras más íntimas compuestas por su vocalista. 

«He estado mirando tanto tiempo estas fotos tuyas que casi creo que son reales». Mientras, había quién en lugar de dejarse envolver por el magnetismo de Smith y los suyos prefería tomar fotos de las pantallas gigantes para tratar de inmortalizar canciones que ya son inmortales. 

Tras High y Just one kiss, llegaba otra de las grandes: Lovesong. «Me haces sentir como si fuera joven otra vez», cantaba Smith llenándolo todo ante una emocionada audiencia que rejuvenecía empapándose de una impecable combinación de graves del bajo y teclados. La misma armonía entre todos los componentes de The Cure se vivió con Burn -de la banda sonora de El Cuervo (1994)- en el que una flauta de madera dio paso a una perfecta comunión entre cuerdas y metales.

The Cure y Robert Smith: un espectacular directo que no envejece

EFE

Los valles, esperables en un concierto de más de dos horas para 40 años de repertorio, llegaban con algunos de sus temas menos conocidos que se alternaban en esta parte con contados greatest hits como Just like heaven. The forest tiñó el escenario de verde bosque poco antes de que Smith hiciera una pequeña pausa ante un público necesitado de más. 

Volvió al escenario con Lullaby, la canción de cuna que despertó a la gente entre telarañas y que abrió la puerta a un fin de fiesta memorable. The Walk, sencillo de 1983 con aires electrónicos a lo New Order, dio paso a la vitalista Friday I’m in love. Close to me no permitió a los móviles bajar la guardia mientras llegaba la traca: Why can’t I be you y la mítica Boys don’t cry como cierre.

Robert Smith abandonaba el escenario del Mad Cool llevándose la mano al corazón, con un gesto de una tierna timidez ante la ovación que le entregaba la multitud de 50.000 personas que se dieron cita para verles. The Cure se marchaban dejando entre los que no los habían visto en directo la sensación de haber asistido a algo inolvidable, y en los que ya los habían disfrutado, la de que ver a los más grandes siempre merece la pena. 

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Robert Smith: un niño travieso y tímido en el escenario

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