La unión de facto de las tres derechas, bautizada por la foto de la manifestación de Colón, fue uno de los hechos más relevantes de la campaña electoral de abril. Como se vio luego en el resultado de las urnas, tuvo repercusiones nada positivas para el Partido Popular. Ahora toca otra campaña y el guión no ha cambiado mucho, sobre todo en la ciudad y comunidad de Madrid. 

Federico Jiménez Losantos organizó para la mañana del martes un debate en su programa de la cadena esRadio con tres candidatos a la alcaldía de Madrid –José Luis Martínez-Almeida, del PP, Begoña Villacís, de Ciudadanos, y Javier Ortega Smith, de Vox– con la instrucción específica de que no debían pegarse muy fuerte. «Estáis muy mal acostumbrados a la televisión», dijo cuando hacían un amago de interrumpirse. La gente que os está escuchando os va a votar a los tres. Portaos bien». 

Los candidatos fueron buenos y respetaron las instrucciones del maestro. Sus votantes podrían meter las papeletas de los tres partidos en una caja, sacar una de ellas sin mirar y la elección sería correcta para Jiménez Losantos. Cualquier cosa antes de permitir la reelección de la odiada Manuela Carmena, por no hablar de «esa especie de bebé probeta de Carmena» que resulta ser Íñigo Errejón. También cayó un «clásico niñato pijo». Y eso sólo en la presentación del debate. Jiménez Losantos es muy barroco con los insultos. Tiene unas cuantas condenas judiciales en su currículum para demostrarlo.

Puede que no hubiera mucho debate, pero sí algunos grandes momentos. Por ejemplo, cuando Ortega Smith se mostró más moderado que Villacís en materia de seguridad. La concejala de Ciudadanos reclamó el rearme de la Policía Municipal para afrontar un escenario dantesco de inseguridad. Quiere recuperar una unidad de antidisturbios para la policía local y que se creen unidades especiales «contra la okupación de pisos y también contra la venta ilegal en la calle». Y de repente se escuchó la voz de Ortega Smith como ejemplo de sentido común para pedir que no se intente sustituir a la Policía y la Guardia Civil en funciones que les competen a esos cuerpos.

Cuando eres más extremista que un candidato de Vox que resulta ser el número dos del partido, lo mismo necesitas una bolsa de papel para respirar dentro y acabar con los problemas de hiperventilación. Pero ahora que Ciudadanos quiere ser el gran partido de la derecha necesita contar por tanto con mensajes específicos para el electorado de extrema derecha. 

Todos juntos contra los impuestos

Donde los programas de los tres candidatos son indistinguibles es en la cuestión fiscal. Todos quieren reducir los impuestos locales hasta dejarlos en la mínima expresión. Almeida y Villacís exigen bajar el IBI hasta el mínimo legal del 0,4%, porque «el IBI actual es el más alto de la historia», dijo Villacís. «Me alegro de que estéis de acuerdo con Vox», respondió Ortega Smith, que no tenía manera de colar el discurso de la «derechita cobarde». En la carrera por estar más a la derecha de nadie, todos estaban apretujados en un rincón con Jiménez Losantos vigilando para que ninguno se moviera mucho. 

Con Carmena en la alcaldía, la deuda del Ayuntamiento de Madrid se ha reducido en un tercio desde el récord de 2012, algo que llenaría de orgullo a la Comisión Europea y el FMI. Ahora está en 2.700 millones de euros, el nivel más bajo desde 2004. El margen de actuación de los ayuntamientos es reducido por el control que ejerce el Ministerio de Hacienda. La solución para las tres derechas es bajar todos los impuestos y seguir reclamando más gasto en algunas cuestiones. Siempre queda el recurso de echar mano de los famosos «chiringuitos» que por lo visto cuestan más que el Pentágono.

Salvad a los coches de la extinción

Tratándose de Madrid, tenía que salir el asunto de la restricción del tráfico privado puesta en marcha con Madrid Central, una bestia negra de la derecha. Vox y el PP piden su total eliminación. Villacís dice que «revertir Madrid Central al cien por cien no es posible». Propone crear «otras alternativas rápidas» para los coches, que son las presuntas especies en vías de extinción que quieren salvar los tres partidos. 

Villacís pretende que la primera multa de tráfico «sea sólo una advertencia», un detalle que se podría calificar de populista si la palabra no hubiera perdido tanto valor por exceso de uso. En ese asunto, parece que violar la ley la primera vez no sea para tanto. Además, quiere eliminar los carriles bici o sustituirlos por ciclocarriles, donde coches y bicis conviven con cierto riesgo para los segundos. Y tiene un espacio para las revelaciones fantásticas: afirmó en el debate que «los semáforos en Madrid no están sincronizados». Dado que hay pruebas numerosas de lo contrario –en cada esquina con un semáforo–, será que le gustaría que los conductores pisaran el acelerador con más entusiasmo.

Almeida dijo que abrirá la Gran Vía al tráfico –y eso que ahora ya está llena de coches– y proclamó un acto de fe basado en sus deseos: «Seguro que el ciudadano deja el coche privado si hacemos otras alternativas». Sobre el tema del tráfico, Ortega Smith afirmó que es «una cuestión de libertad» y que hay que acabar con «el Madrid de las prohibiciones». Acto seguido, pasó a detallar las prohibiciones que él quiere aplicar: vetar las manifestaciones en las vías principales de la ciudad para que Madrid «no sea el manifestódromo de toda España» y sacar la fiesta del Orgullo Gay del distrito de Chueca. 

El último bloque del debate se reservó a los pactos, pero ahí no había nada que debatir. Todos están a favor de pactar entre ellos para expulsar a Carmena de la alcaldía. Jiménez Losantos se mostró preocupado, porque «el votante que corre más peligro de desmovilizarse es el de Vox». Ortega Smith le tranquilizó. Su partido va a convertir a Madrid en «el bastión de la reconquista». Se supone que con permiso de Covadonga. 

Jiménez Losantos cerró la fiesta de la derecha madrileña con los mejores deseos. «Que Dios reparta suerte y que ganen los buenos». Verás cómo se pone si se confirma la encuesta del CIS y resulta que los malos son más que los buenos. En ese caso, podrá aprovechar la oferta que se escuchó en un bloque publicitario del programa. Música con marchas militares y de la Guardia Civil, incluida la canción funeraria ‘La muerte no es el final’ que se canta en los actos por los caídos, aparentemente difícil de encontrar en grabación. Tres cedés por 33 euros. Una oferta imbatible para escuchar en bucle si Carmena mantiene la alcaldía. 


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