Hace unos días vi a un niño de no más de 12 años con dos bolsas de basura: una con papel y otra en la que imagino que llevaría restos orgánicos. Depositó ambas junto a un contenedor de vidrio. Una persona mayor le preguntó si iba a dejar ahí la basura y el niño la ignoró. Si no somos capaces de depositar la basura en su sitio, ¿cómo podemos esperar mayores esfuerzos para cuidar nuestro entorno? No puedo culpar solo al niño, la culpa recae en quienes lo tienen que educar en la protección del medio ambiente. Para cambiar el futuro es necesario que todos nos impliquemos en ello. Los ciudadanos de todas las edades son los que podemos cambiar el futuro y obligar a los Gobiernos y empresas a unirse a ese cambio.

Antonio María de Régil Arteaga. Madrid

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