Pide permiso un niño en clase para ir al lavabo o un adolescente para poder llegar más tarde a casa. Pide permiso un camarero para llevarse el dinero depositado en la bandeja junto a la cuenta o cualquier persona para poder pasar ante una puerta cerrada. Pedimos permiso por educación, por respeto o por cultura, pero nunca para vivir o para morir. La vida y la muerte irrumpen de forma arrolladora. Tener que pedir permiso para salvar una vida es crear una ley anti-natura y tratar de colocarla por encima de lo que somos y lo que nos debería definir: humanidad.

Mireya Maldonado Hualde. Londres (Reino Unido)

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.




Source link

Deja un comentario