Debate sobre las elecciones europeas. Con mucha PAC, bastante euroorden y algo de migración y economía. Pero no siempre los candidatos han hablado de Europa, ni siquiera de los asuntos que conciernen a los eurodiputados. Por ejemplo, el candidato de Ciudadanos, Luis Garicano, ha repetido varias veces que su partido no votará al futuro comisario europeo si no se compromete a cambiar la eurooroden para incluir los delitos de rebelión por los que está reclamado, sin éxito, Carles Puigdemont.

Pero lo que ha prometido Garicano en el debate de El Objetivo en la Sexta de este domingo mirando a Catalunya tiene muy poco recorrido, puesto que el comisario será elegido haga lo que haga Ciudadanos. Además, es una decisión que, en último término, depende del Consejo Europeo, de los gobiernos, no de la Comisión y menos del Parlamento Europeo, puesto para el que se postula Garicano. 

¿Otro ejemplo? La número uno del PP a las europeas, Dolors Montserrat, ha pedido la reforma de la ley española «para no se puedan presentar a las europeas aquellos que quieren destruir España». Pero, claro, eso es algo que ha de hacer el Congreso de los Diputados, no el Parlamento Europeo, y las elecciones generales ya se celebraron el 28 de abril.

¿Uno más? «Nos quieren robar la soberanía», ha dicho el candidato de Vox, Jorge Buxadé, nada más empezar el debate. «Nos quieren robar la soberanía». Así, tal cual, erigiéndose en el único de todos contrario a la integración europea, reivindicando para sí un papel nuevo en el panorama político español. Nunca hasta ahora ningún partido con posibilidades de tener representación en la Eurocámara había hecho un discurso tan opuesto a la integración europea como lo ha hecho esta noche Buxadé, hasta el punto de emular aquel lema independentista catalán. Buxadé, quien ha llamado golpista a Carles Puigdemont ha pasado del «España ens roba» al «Europa nos roba».

«Ahora nos dicen que hay una crisis y nos echan la culpa, quieren un Gobierno federal y que España sea una provincia. En Europa estamos por España», ha dicho Buxadé. Pero, en realidad, Europa como tal no existe, no existe una persona Europa que roba a nadie, sino un conjunto de instituciones, formadas por dirigentes políticos de los diferentes países que toman decisiones. Y, en último término, las decisiones las toman siempre los Gobiernos en el Consejo Europeo. Los 28 –quizá 27 a partir del 31 de octubre tras el Brexit–. 

En esa clave interna se han movido menos los candidatos del PSOE y Unidas Podemos, Josep Borrell y María Eugenia Rodríguez Palop. Borrell, actual ministro de Exteriores, ex presidente del Parlamento Europeo y conocedor de la política comunitaria, ha querido alertar del proceso europeo: «Está en riesgo por los nacionalpopulismos y la pinza entre EEUU y China. La no Europa no es una opción», insistió varias veces. 

En señalar al populismo ha coincidido con Montserrat –»queremos defender Europa de nacionalismos y populismos»– y Ciudadanos, que ha señalado a Vox y Unidos Podemos, ante la indignación de Palop: «¿De dónde saca usted que no somos europeístas, eso es una falsedad para confundir a la gente. Son ustedes los que han pactado con Vox en Andalucía».

La candidata de Unidas Podemos intentó reivindicar su candidatura como la de «una Europa alternativa, con instituciones más democratizadas, descentralización de competencias, sostenible y feminista».

Pero no sólo con Catalunya los candidatos de PP, Ciudadanos y Vox han hecho sus intervenciones con una mirada más puesta en la política interna española que europea. También con la PAC, la política agraria común europea, que se lleva un 40% del presupuesto comunitario y que tiene en vilo a todo aquel que vive de la agricultura y la ganadería en España.

Por eso Dolors Montserrat ha acusado a Josep Borrell de no negociar bien las partidas; por eso Jorge Buxadé (Vox) ha dicho que era su prioridad número uno, mirando de reojo a los grandes ganaderos y agricultores que le han dado su voto en Andalucía y el 28A y de los que ha dicho que «reciben menos que los pequeños agricultores a pesar de que el 20% genera el 80% de riqueza y de empleo». Mientras, en el lado contrario, PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos han coincidido en que «la PAC tiene que ir dirigida a las pequeñas explotaciones para luchar contra la despoblación y cambio climático», en palabras de Garicano.

Y no fue la única vez que Garicano se alejó de PP y Vox, ante la sorpresa de Borrell, quien le acusaba de desviarse de las líneas maestras de los liberales europeos –ALDE–, en particular de aquellos integrantes de la Nueva Liga Hanseática, los halcones del euro, como el primer ministro holandés, Mark Rutte. Así, Garicano, como la izquierda y en contra de lo que hacen la familia liberal en el Consejo Europeo, defendió un presupuesto de la eurozona y un seguro de desempleo europeo, pero no los recortes presupuestarios que defiende Rutte en Bruselas.

En lo que hubo consenso fue en que el cambio climático es una realidad. Ya han pasado los tiempos en los que Mariano Rajoy recurría a un primo suyo para avalar el escepticismo del PP sobre ello. Eso sí, no todos apuestan por las mismas medidas. 

Palop pidió «desligarse de los combustibles fósiles, apostar por las energías renovables, abandonar el fracking y las nucleares, e impulsar el transporte electrificado», entre otras. Borrell reclamó un «impuesto a las emisiones de CO2 y hacer una cruzada por las baterías de coches». Buxadé se limitó a decir: «El cambio climático es una realidad, pero que nos dejen de echar la culpa», y reclamó que los tratados comerciales exijan a los productos importados los mismos estándares que se reclaman a los europeos.

Montserrat y Garicano, de nuevo, miraron para dentro de las fronteras. La candidata del PP, para señalar al comisario Miguel Arias Cañete como un adalid de la lucha contra el cambio climático, a pesar de que ha estado en contra de medidas como las impulsadas por el Gobierno español para poner una fecha de caducidad a los vehículos diésel. Y el candidato de Ciudadanos, para decir que España tiene que ser una potencia en energía renovables, como si fuera algo que pudiera ventilarse en la Eurocámara y no en el Congreso de los Diputados.

En el asunto en el que la candidata de Unidas Podemos marcó una posición más diferente al resto fue en el de la inmigración. Palop defendió «una Europa en la que no se echen a los migrantes sin siquiera darles la oportunidad de demostrar que son refugiados o que tienen derecho a asilo, una Europa en la que un migrante no sea acuchillado por concertinas. Queremos que se cumplan las leyes españolas y el derecho internacional».

«Hay que bajar de las musas al teatro», replicó Borrell, «hay que tratar el problema de verdad. Puede dar al traste la integración europea por la tensión entre el este y el oeste. Hay que conseguir una política común de asilo, hay que regularlo, porque no se puede impedir ni se debe impedir. Porque los necesitamos, pero con acuerdos en los países de origen y de tránsito». 

En estos argumentos coincidió Borrell con Montserrat y Garicano. «Europa es la que más ayuda y la que más asilo da. Pero no puede resolver las injusticias del mundo. Necesitamos una política común, legal, ordenada, vinculada al trabajo, integrada con el trabajo, no a las mafias. Inmigración legal con fronteras seguras y sin demagogias», dijo la candidata del PP. «Con las obligaciones humanitarias que debemos cumplir como otros cumplieron con los españoles; y hay que ser implacables con las mafias y canalizar la inmigración legal porque la necesitan España y Europa», abundó Garicano.

¿Y Vox? Fue un poco más allá: «Hay que tener una política común, pero los Estados deben tener la competencia», dijo Buxadé: política común pero competencia de los Estados,. Y siguió: «Creemos que tiene que haber una política de tolerancia cero con los extranjeros que intentan acceder de manera ilegal. Respecto de los refugiados, pedimos un examen adecuado de si tienen o no esa condición, cada Estado debe tomar la decisión. Vamos a estar en contra de la entrada masiva y descontrolada».

En este punto se produjo uno de los pocos cara a cara del debate, entre Palop y Buxadé, cuando Palop le intentaba decir que «no se sabe si cumplen o no los requisitos porque se producen las devoluciones en caliente». Ante las numerosas interrupciones, Palop le espetó: «A mis alumnos, en primero, les aviso de que si me interrumpen les echo de clase». Y prosiguió: «Las devoluciones en caliente no permiten hacer evaluaciones como exige la legalidad internacional, se están violando las leyes de asilo y extranjería. Se han multiplicado los muros y además se están haciendo acuerdos con Turquía, Libia y Marruecos… Queremos vías seguras de acceso, no queremos convertir a los refugiados en criminales».


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