Hoy es 18 de julio, un mal día para una parte de España; no para toda, claro. No para Vox, parte del PP y quién sabe si alguien de Ciudadanos. De aquella fecha proceden gran parte de nuestros daños estructurales. Le siguió una guerra civil de 33 meses y una dictadura de 40 años. Podríamos añadir un siglo XIX en el que primaron las cadenas sobre las luces. Todo esto mal digerido y peor pensado ha definido nuestro carácter político, la incapacidad –más allá de los Pactos de la Moncloa– de alcanzar acuerdos sobre asuntos que interesan a la ciudadanía. En serbocroata «compromiso» tiene una connotación negativa, significa que una de las partes claudicó o que el pacto esconde algo turbio, una componenda. Aquí no les vamos a la zaga.

1) Estamos en la fase de culpabilizar al otro con el objetivo de ganar el (dichoso) relato, como si solo hubiera uno. Hay más cortoplacismo que visión de futuro. Un ejemplo: el resultado de la primera votación en La Rioja: la representante de Podemos vota por un lado, y la de IU, por otro. Desunidas Podemos. ¿Una advertencia para todos los implicados en el vodevil de formar gobierno?

2) Cuando una pareja se separa tenemos la versión de uno y la de otro, pero no la verdad, un asunto más complejo que la suma de versiones. Sin estar dentro es difícil saber quién miente en las negociaciones Moncloa-Unidas Podemos (UP) porque es posible que ambos mientan con mejor o peor puesta en escena. Se han perdido casi tres meses en los que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han sido incapaces de generar lo esencial, un clima de confianza que permita alcanzar compromisos para el futuro gobierno. Lo tenían fácil: la base eran los presupuestos tumbados por la anterior Mesa del Congreso de los diputados controlada por el PP y Ciudadanos.

3) Pedro Sánchez ha dedicado más tiempo a lograr la abstención del PP y Ciudadanos, y aún está en ello, tal vez como táctica de desestabilización del rival, que a comprometer a UP en un acuerdo, sea a la portuguesa (gobierno monocolor) o de coalición. No ha sido consecuente con los gritos de sus militantes en la noche electoral: «con Rivera, no» y «sí se puede».

4) Podemos acusa a Sánchez de ser un prisionero de Iván Redondo, su gurú de estrategia. No sabemos si es cierto, pero Redondo tiene un historial que permite decir que se siente cómodo con el botón de elecciones permanentemente activado, haya o no convocatoria electoral. Es el modelo que prima en EEUU. Allí, los partidos son maquinarias que se despiertan para ganar elecciones. Moncloa maneja encuestas que vaticinan un desplome de Podemos, sobre todo en Madrid si al final se presenta un partido encabezado por Íñigo Errejón. Podría perder siete de los ocho escaños actuales, incluido el de Irene Montero.

5) Iglesias lo sabe y considera que la estrategia negociadora de Sánchez, o Redondo, equivale a un chantaje. No sabemos si la clave de la falta de acuerdo es la exigencia de Iglesias de estar en el Gobierno como vicepresidente, como aseguran en el PSOE y que negó Sánchez en su entrevista con la Ser. La insistencia del líder del UP en entrar en el Gobierno parece indicar que este es el asunto que ha encallado el diálogo desde el principio.

6) En España no hay cultura de pactos en el ámbito estatal, ni instrumentos para garantizar su cumplimiento una vez investido el presidente. El sociólogo Pablo Simón no está de acuerdo del todo con esta afirmación. Un primer acuerdo entre los tres o cuatro grandes partidos podría ser la mejora del procedimiento de investidura. Eduardo Madina sugiere copiar el que está en vigor en Euskadi. Es lógico que UP no se fíe del PSOE, que tiene su historial desde los ochenta, y que piense que su presencia en un Gobierno de coalición es el único mecanismo para que se aplique lo pactado.

7) Estamos desperdiciando la oportunidad de aprender a gobernar en coalición, algo normal en Europa. Es fundamental construir la confianza y no olvidar qué votó la ciudadanía.

8) Podemos ha sido un instrumento clave para remover las aguas apacibles del bipartidismo. Ha puesto las pilas al sector menos conservador del PSOE, que ahora manda en Ferraz aunque se mantienen vivos los disidentes en Andalucía, Aragón, Extremadura y Casilla La Mancha.

9) Sin Pablo Iglesias, Podemos jamás hubiera llegado a 71 escaños. Es esencial en su creación hasta generar una ilusión no vista en la izquierda desde 1982. Tras su irrupción en las europeas de 2014, Podemos se ha distinguido por tener una excelente capacidad de análisis, de saber por dónde respiraba la sociedad. Eran los mejores en leer el partido, pero no sabían hacer política. En los diez meses de Gobierno de la censura han demostrado estar a la altura, pero a cambio perdieron olfato. Ahora están en un callejón sin salida, ni olfato ni política. El riesgo es quedarse en una IU ampliada de 15 escaños. Ser una fuerza que transforma, con sus renuncias, o ser el pepito grillo de la izquierda.

10) Uno de los principios de El arte de la guerra de Sun Tzu es dejar una salida al enemigo. El PSOE está empujando a Iglesias a una situación imposible, en la que solo queda combatir. Hay nervios en Podemos y se nota. La convocatoria de la consulta es un error porque aún no hay acuerdo alguno que refrendar. Es una consulta con un objetivo: blindar la estrategia del líder, que además no sabemos cuál es porque él niega que la vicepresidencia sea una condición. En su entrevista con García Ferreras (aquí tienen el enlace), Iglesias habla de una presencia en el Gobierno «que les correspondería por ley». ¿Seguro que existe esa ley? Ofrece mano tendida, renuncias, pero no cede en el gobierno de coalición. Seguimos atrapados en la semántica. El PSOE ha pasado del gobierno monocolor, al de cooperación, vuelta al monocolor y ahora a uno de coalición pero con ministros podemistas de perfil bajo. Menos mal que tienen a Redondo a los mandos, porque parecen poco consistentes.

11) Un Gobierno en funciones podría ser el encargado de manejar la sentencia del procés, de la que no sabemos nada, más allá de las peticiones maximalistas del ministerio fiscal. Es algo que puede incendiar Cataluña durante un tiempo. No parece lo más inteligente enfrentar un nuevo desafío con un gobierno al ralentí. En este asunto a Iglesias le podría interesar estar fuera del Gobierno, con capacidad para dar otro tipo de respuesta al conflicto, y ayudar a desactivarlo.

12) Un Gobierno con Irene Montero y sin Iglesias debilita al líder de Podemos. Es lógico que se niegue. En la entrevista del martes con García Ferreras, el líder de Podemos dice que a Sánchez le presiona el Ibex 35, el nuevo mantra después de la casta, que reflejan una realidad pero de usarlos se gastan. Es posible que sea así, pero atribuirse la insobornabilidad de Podemos como causa del no de los empresarios y bancos resulta un poco naíf, muy de consumo interno.

13) Iglesias es muy bueno en modo campaña electoral, es excelente en los debates y en las entrevistas, resulta convincente, más que Sánchez, pero no es suficiente para ganarse la confianza de un país. Demostrarlo en un gobierno de coalición es su gran oportunidad para dar el salto, de dejar sin argumentos a sus críticos. ¿Quién de los que están en política no tiene un ego descomunal? Bueno, el de Rivera cotiza fuera de concurso.

14) Todos los partidos, no solo el PSOE, han quedado reducidos a maquinarias electorales que se mueven como si estuviésemos en una elección permanente. Es el hábitat natural de Albert Rivera, que prepara un enroque para que nadie le mueva la silla. El peligro le puede venir desde fuera, que Manuel Valls monte un partido. Hay poco tiempo antes del 10 de noviembre, pero nada es imposible en política y menos en los tiempos de Internet.

15) Los líderes no quieren discrepantes, toda duda es alta traición. Sánchez solo escucha a sus más íntimos, además de Redondo, e Iglesias se ha sido recluyendo en un círculo de adeptos en los que nadie osa contradecirle. Otro error universal es pensar que Twitter es la realidad. Por este canal pululan más trols, bots y grupies que personas dispuestas a escuchar. Todo lo que no sea loa incondicional es Ibex 35 en un caso, o infantilismo revolucionario en el otro.

16) Una repetición electoral sería una moneda al aire. Recuerden lo que pasó en Madrid. Da igual quién tiene más culpa, la realidad es que Almeida y Díaz Ayuso serán nuestros líderes en los próximos cuatro años. Es muy difícil que las tres derechas repitan errores en unos nuevos comicios. Buscarán acuerdos para ir juntos en el Senado y en las provincias en las que están en juego cinco escaños, y en las que les penalizó la división. El PP ya tiene un nombre, España suma. La campaña del miedo a la ultraderecha, que provocó una gran movilización en la izquierda, no va a funcionar dos veces en seis meses.

17) Además de la sentencia del procés hay una lista larga de prioridades. Un ejemplo: una ley de eutanasia. Es ahora o nunca. No esperen milagros del trifachito.

18) Iglesias, pese a ser muy bueno en campaña, se arriesga a perderlo todo. Sigo pensando que fue un error no permitir que gobernara Sánchez con Rivera, que no era el actual. En ese momento, al principio de 2016, jugaba a ser de centroderecha. Bastaba un voto condicionado a un gran pacto de regeneración. Era una win-win situation. Toda mejora, gracias a Podemos; todo recorte, culpa del Gobierno. Hubiera sido hacer un Valls con tres años de anticipación. Primó la ideología. Hubo elecciones repetidas, gobernó Rajoy y Podemos se rompió en Vista Alegre-2. Están a punto de repetir el error y las consecuencias pueden ser funestas.

19) Ante un eventual 10N tenemos dos posibilidades: gobierna el trifachito o se repite más o menos la situación actual, tal vez con menos escaños, es decir, la obligación de un pacto entre PSOE, Podemos y un eventual partido liderado por Errejón.

20) No sé si Pablo Iglesias quiere ser vicepresidente, pero ¿qué dirían los periodistas y los medios de comunicación que hoy arremeten contra esa idea si el pacto fuese con Ciudadanos y el mismo cargo estuviera destinado para Rivera? No hay más preguntas, señoría.


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