Rodeado por dos monstruos del terror, la imagen de Jim Jarmusch en la cena de gala de la apertura del Festival de Cannes resulta impactante. “Los conocí anoche y ha sido emocionante”, comentó sonriendo el director norteamericano de The Dead Don’t Die (Los muertos no mueren). Película inaugural en competición, en el encuentro con la prensa, acompañado por sus actores fetiches: Tilda Swinton, Bill Murray, Chloe Sevigny y Selena Gomez. Jarmusch se muestra satisfecho con su fabula poblada de zombis que arrancó miedo y risas entre la crítica internacional. “La metáfora es más fuerte de lo que pensé. Es una comedia de horror en donde emerge la crisis del mundo. Estoy muy contento, aunque la película no es tan oscura, no es ni fatalista, ni política. He hecho lo posible para que el humorismo pudiese equilibrarla”, afirmó.

Fan de todos los Drácula, los films de zombis y de vampiros, el elogiado cineasta del cine independiente se apoyó en una major (Universal) para realizar un film dirigido al gran público como un homenaje al maestro del género. “George A. Romero es nuestro Dios. Es el creador de la era posmoderna de los zombis”, señaló. La noche de los muertos vivientes es la primera cinta de horror que vi de pequeño. Su papel ha sido fundamental porque ha cambiado la idea que teníamos sobre los monstruos que pasan de ser malos a amenazas sociales, y se transforman en víctimas de sí mismos, expresión de la sociedad a la que pertenecemos”.

Y añadió: “El declive natural en el que vivimos ha tomado una deriva sin precedentes. Y lo que más me preocupa no es la indiferencia, sino la incapacidad de reaccionar a esta amenaza que atiene a todos los seres vivos. No seré yo quien les diga que hacer, pero hay que tomar conciencia de lo que está sucediendo. Pensar que la política pueda ocuparse de esto es ridículo, porque la política es solo una distracción controlada por grandes corporaciones. Para mí ese es el problema, lo triste es que está en nuestras manos. Todos somos culpables de alguna forma, ¿Y qué hago yo?. Bueno, yo hago esta película con gente maravillosa. Pero si todos aquí decidiéramos boicotear ciertas multinacionales porque no nos gustan sus actividades, acabaríamos con ellas”.

«Puedo ser optimista sobre el futuro del mundo solo cuando pienso en el potencial y en el vigor de los adolescentes. Pero el tiempo se acaba. Mi corazón está con la gente joven, gente que ha hecho de esta su principal preocupación por su amor al planeta y a la vida», enfatizó.

“Quería hablar sobre eso en la película, no solo de la fatalidad. Los seres humanos somos zombis que nos dejamos arrastrar por la sociedad consumista en un mundo en el que la destrucción de la naturaleza es imparable. La oscuridad juega un papel importante, espero que el humor también, porque sin el humor ni las bromas sería muy difícil seguir vivos como humanos”. Concluyó Jarmusch, rostro habitual y admirado en La Croisette desde que ganara su primer premio con Extraños en el Paraíso, en 1984.


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