Los cambios y las leyes por los que verdaderamente merece la pena luchar son aquellos que se cimentan con una base consistente para que trasciendan a aquellos que los promueven y crean. De qué vale una ley de educación implantada en contra de todos los estamentos, si cuando cambia el Gobierno se anula. O una subida de pensiones referenciada al momento y sin visos de continuidad por falta de ingresos. En realidad, las leyes más importantes nunca son permanentes, siempre se encuentran en fase de reforma o recurridas en los diferentes tribunales. En las más de cuatro décadas de democracia, ninguna ley ha sobrevivido a todos los Gobiernos. El verdadero poder es lograr que algo permanezca a lo largo del tiempo. Si se logra, además se le puede añadir el apellido, éxito. El nombre soñado de cualquier político que se precie.

Antonio Zamora Matilla

Madrid

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