Varios escritores han contado durante estas últimas semanas dentro de Verano Libre cuál es ese libro que les gustaría haber firmado. Muchos de estos se refieren a obras que encontraron durante su adolescencia o infancia, pero, para el historiador Julián Casanova (Valdealgorfa, Teruel, 1956), ese libro lo descubrió a comienzos de los años ochenta con el título de A sangre fría cuando se encontraba investigando su tesis doctoral y ya hacía tiempo que su adolescencia había quedado atrás.

 

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y colaborador en medios como El País, Onda Cero e infoLibre —algunas de sus muchas ocupaciones—, se topó con el libro más famoso de Truman Capote en un periodo en el que tomó la decisión de especializarse en el siglo XX, que era “casi un desierto inexplorado”. “Lo normal en esos años, por la formación en Bachillerato y en la carrera universitaria de historia, era leer literatura anterior al siglo XX”, explica el historiador.

Otras de las razones que llevaron a Casanova a descubrir este ya clásico de la literatura norteamericana fueron la relación entre ficción e historia, así como su interés en “las corrientes historiográficas que cuidaban la forma de escribir y no sólo el contenido…”. “Cuando yo estudié la carrera de Historia, en los años setenta, en las Facultades de Filosofía y Letras/Historia se cuidaba poco la escritura”, añade.

A sangre fría, publicada en 1966 tras varios años de minuciosa investigación, es la obra culmen de Capote, célebre también por títulos como Desayuno en Tiffany’s —cuya protagonista fue encarnada en la gran pantalla por Audrey Hepburn—, y está considerada como una de las primeras creaciones del Nuevo periodismo —ese que combina elementos literarios con investigación periodística—. Bautizado como non-fiction novel por el propio Capote, el libro se basa en el asesinato real de los cuatro miembros de la familia Clutter y la reconstrucción en detalle del perfil de sus dos supuestos asesinos —Dick Hickcock y Perry Smith—, ahorcados en 1965 tras ser condenados a pena de muerte.

“Como historiador, me fascinó la capacidad que mostró Truman Capote en esa obra, que él definió como ‘novela de no ficción’, para investigar aquel brutal crimen, utilizando los testimonios de los criminales. Eran los años sesenta del siglo XX y pocos historiadores trabajaban entonces en lo que después se consolidó como historia oral”, apunta Casanova.

El catedrático, que ha sido profesor visitante en numerosas universidades de renombre, tanto europeas como latinoamericanas y estadounideses, apunta que, después de leer A sangre fría, siguió su pista y comenzó “a salir a otros países en busca de formación y aprendizaje, sobre todo a Gran Bretaña y a Estados Unidos, a entrar en contacto con escritores e historiadores”. “La literatura de Capote, John Steinbeck y William Faulkner, por nombrar a mis favoritos, ha sido también referente para mis reflexiones sobre historia y ficción”, señala Casanova.

Para el escritor, autor de multitud de títulos entre los que se encuentran De la calle al frente: El anarcosindicalismo en España —publicado en 1997— o su más reciente La venganza de los siervos. Rusia, 1917 —2017—, la obra de Truman Capote estaría, por supuesto, en su lista de novelas favoritas, sumándose a otros clásicos como La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, o Crimen y castigo, de Dostoievski. Y añade —en lo referente a su gusto por el cine, que también forma parte de sus “clases, explicaciones y escritos sobre el siglo XX”— que le gusta la versión que Richard Brooks hizo de la novela de Capote.


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