El pasado 9 de mayo el vecindario de Badajoz se enteraba, a través de denuncias anónimas en redes sociales, de que el Ayuntamiento de Badajoz estaba rociando con glifosato los jardines de la plaza de San Francisco, tan solo unas horas antes del comienzo de la Feria del Libro.

Al conocerse la información, no son pocas las personas en la ciudad que se llevan las manos a la cabeza pensando en cómo es posible que desde el consistorio se pueda seguir dando luz verde al empleo de un herbicida que ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud como “posiblemente cancerígeno para el ser humano”.


Monsanto


Bayer-Monsanto multada por causar cáncer

El gigante empresarial Bayer, dueña de Monsanto tendrá que pagar 80 millones de dólares por daños y perjuicios a un californiano que contrajo cáncer por el uso del pesticida Roundup, que contiene glifosato.

Si bien es cierto que se trata de un plaguicida sometido a permanente debate, lo que está fuera de discusión es la cantidad de pruebas y artículos científicos que avalan las teorías acerca de sus características, tremendamente perjudiciales para la salud de las personas. De hecho, en nuestras calles y jardines podemos ver cómo los operarios del Ayuntamiento de Badajoz lo fumigan con mascarillas, guantes y distintos tipos de medidas de seguridad. Mientras tanto, paradójicamente, nuestros vecinos pasean a su lado o nuestros hijos juegan en esos mismos jardines.

Tan solo es necesaria una vista rápida a bases de datos científicas (como Google Schoolar, PubMEd, Scielo o WoS) para encontrar una enorme cantidad de investigaciones en las que se viene a certificar, de manera directa o indirecta, cómo el glifosato ha sido causa de efectos negativos en el sistema fisiológico de vertebrados. En el terreno de los hechos, en los últimos años se ha podido observar también cómo, en paralelo al incremento del volumen de uso de estas sustancias, se ha experimentado una subida en los índices de registro de consultas por exposiciones a las mismas.

Este tema ya fue abordado en un pleno del Ayuntamiento de Badajoz de junio de 2017, en el que se acordó dejar de utilizarlo en cuanto se acabasen las existencias


Acudiendo a las certezas científicas, sabemos que el glifosato es una sal isopropilamina de N- (fosfonometil) glicina, un herbicida no selectivo. Esto quiere decir, fundamentalmente, que actúa de forma indiscriminada sobre los seres que son expuestos a él.


Agrotóxicos


España concede autorizaciones ilegales a pesticidas tóxicos

El informe Autorizaciones de pesticidas prohibidos, elaborado por Ecologistas en Acción, denuncia que entre abril y julio de 2018 se concedieron más de 38 autorizaciones excepcionales que permitieron el uso de diez plaguicidas no autorizados por su elevada toxicidad y 15 plaguicidas con efectos disruptores endocrinos.

En el mismo orden de cosas, podemos encontrar estudios donde se sostiene que el uso de herbicidas basados en glifosato (como, por ejemplo, Roundup) afecta la calidad del agua y a organismos no considerados, modificando la estructura y funcionalidad de ecosistemas acuáticos. Estas afecciones incluirían retardo en el crecimiento de peces, cambios histopatológicos en branquias como proliferación de células filamentosas e hiperplasia celular, vacuolación de hepatocitos y picnosis nuclear en hígado y en riñón, dilatación del espacio de Bowman, alteración de la actividad sexual, así como distorsiones metabólicas, hematológicas y bioquímicas de algunos órganos y constituyentes de tejidos como lípidos totales, glucosa, entre otros. (Frontera et al., 2011; Jiraungkoorskula et al., 2002; Lajmanovich et al., 2011).

El glifosato altera el ciclo celular, los mecanismos de reparación del ADN (Marc J et al., Chemical Research in Toxicology. 2002), induce apoptosis (Benachour N et al., Chemical Research in Toxicology. 2009), pasa la barrera placentaria (Poulsen MS et al. Toxicology in Vitro. 2009) e induce genotoxicidad (Mañas F. et al. Environmental Toxicology and Pharmacology. 2009).

Además, se han observado malformaciones producidas por el glifosato no solo en xenopus y pollos, sino también en mamíferos (Dallegrave E. et al. Toxicology Letters. 2003). En Paraguay, incluso se ha detectado un incremento de malformaciones en humanos relacionado con la distancia a zonas sojeras con uso intensivo (aunque no único) de glifosato ( Benítez Leite S. Archivos de Pediatría del Uruguay. 2009).

El glifosato altera el ciclo celular, los mecanismos de reparación del ADN , induce apoptosis (muerte celular), pasa la barrera placentaria e induce genotoxicidad 

Una auténtica cascada, en suma, de evidencias en contra de la polémica sustancia. Y, a la luz de tal cúmulo de datos, lo que no parece entendible es que se persista en la utilización de un herbicida tan polémico y cuestionado, con tantas voces del mundo de la ciencia e instituciones en su contra, dentro de nuestra propia ciudad. Y eso, aun cuando este tema ya fue abordado en un pleno del Ayuntamiento de Badajoz de junio de 2017, en el que se acordó dejar de utilizarlo en cuanto se acabasen las existencias. Sin embargo, como podemos comprobar en los carteles colocados por los operarios, este acuerdo no pasa de ser papel mojado.

Unidas Podemos, IU y Equo, que concurren en coalición a las próximas elecciones municipales de la ciudad, ya han aprovechado para denunciar la situación y mostrar su rechazo públicamente en las redes sociales. Con la situación política en tensión y los comicios municipales a la vuelta de dos semanas, el debate está asegurado. Tan solo cabe esperar que el próximo pleno municipal que salga de las urnas vele por la salud de nuestras vecinas y actúe con eficacia y rapidez. La salud está en juego.


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