Ciudadanos tenía un plan para entrar en la Junta de Castilla y León y Francisco Igea nunca fue parte de él El partido había visto desfilar los cuatro años de legislatura con cinco parlamentarios que pasaron con más pena que gloria por el hemiciclo. Sostuvieron a un Partido Popular que nunca guardó respeto al líder, Luis Fuentes. En Castilla y León el partido se armó con políticos que venían de otras formaciones. En las elecciones de 2019 había que ir a por todas con un candidato de altura.

Al hombre de confianza de Albert Rivera, José Manuel Villegas, le susurraron un nombre: Silvia Clemente. La presidenta de las Cortes pasaba sus horas más bajas en el PP, enfrentada no sólo al clan de los herreristas, también al que iba a ser el sucesor del presidente que había estado al frente de la junta desde 2001, el nuevo líder del PP de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.

La candidata del aparato contra el rebelde

La seducción mutua entre Clemente y Ciudadanos se fraguó en los laberínticos e interminables pasillos del Parlamento Autonómico. Por allí se movía Pablo Yáñez, un joven político que medró por su rendida admiración por Rivera, a quien seguía por todo el país cuando el partido acababa de nacer. En 2015 consiguió por fin ser diputado en el Congreso por Salamanca. En la repetición del año siguiente perdió el escaño. El partido supo compensarle: le entregó la secretaría de Comunicación del partido en Castilla y León y una asesoría, con sueldo público, a un diputado en el Congreso. Yáñez, que no pasó del bachillerato, se fortalecía así como gurú e intentaba dirigir el partido en la sombra. Fuentes, fichado por Cs de un partido regionalista salmantino, se dejaba dirigir. No se resistió ni un poco cuando supo que Clemente ocuparía el cartel electoral en las autonómicas porque el partido siempre resarce.

Por entonces, cuando aún no estaban convocadas las elecciones generales, ya sonaba el nombre de Francisco Igea. Un sector del partido reconocía que su papel en el Congreso había sido más que digno como portavoz de Sanidad. Y conocía Castilla y León.

¿Cómo era posible que la dirección no reparase en Igea para evitar su deriva evidente hacia el PP? Igea era incómodo, contestatario y además tenía una pésima relación con Yáñez.

Los planes de Ciudadanos empezaron a fraguarse meses antes de que Silvia Clemente anunciase su salida del PP. Era 21 de febrero y a tres meses de las elecciones una de las políticas más longevas en el gobierno de Juan Vicente Herrera daba el portazo. Dos décadas después -y sin posibilidad de entrar ya en las quinielas de la sucesión ni en puestos relevantes- se había percatado de que el Partido Popular carecía de proyecto para Castilla y León y contaba con un líder -Fernández Mañueco- sin carisma. Con todo, Clemente no hacía ese anuncio para dejar la política.

Solo unas horas después, eldiario.es publicó una fotografía que clarificaba sus planes. La presidenta de las Cortes había estado reunida semanas antes con Yáñez en un recóndito bar de barrio en Valladolid. El partido y el propio Yáñez se negaron a confirmar lo evidente. El 24 de febrero, domingo, era el propio Francisco Igea quien en una rueda de prensa confirmaba la entrada de Clemente en su formación y lo hacía dando «un paso al frente». El diputado en el Congreso que se había bregado en el área de Sanidad optaría a las primarias. «Clemente no es regeneración», dijo. Su decisión supuso un tremendo pulso al aparato del partido, que puso en marcha la maquinaria para dejar clara su preferencia.

Dos días después de ese anuncio de Igea, el secretario de Organización, José Manuel Villegas, se desplazaba a Valladolid para presentar oficialmente la candidatura de Silvia Clemente. Quedaba claro así que el aparato del partido no iba a ser neutral y que Francisco Igea era tolerado y poco más.

El cierre de campaña de Clemente fue sonoro, sin prensa, en un hotel de Valladolid, pero rodeada de 400 afiliados y escoltada por el portavoz de Ciudadanos en el Congreso, Juan Carlos Girauta. «Si decimos que Silvia es la opción es porque es la opción», aseguró entonces.

El pucherazo que puso a Ciudadanos contra las cuerdas

Igea hizo su cierre en un pueblo del alfoz, Arroyo de la Encomienda, con un centenar de militantes. El 9 de marzo informaba a la prensa de que era el perdedor de las primarias. 35 votos le separaban de la victoria. El resultado duró 24 horas. Al día siguiente, desde la puerta de los juzgados, Igea advertía a la dirección del partido: había descubierto que en el acta figuraban más votos que votantes. Se había consumado un pucherazo. O se anulaba de inmediato la proclamación de Clemente como candidata a la Junta o hacía efectiva una denuncia ante la Justicia por fraude electoral.

Arrancaba así la crisis de Ciudadanos, con un crítico que ponía al partido contra las cuerdas y la sospecha de que la candidata de la dirección había hecho trampas. A Ciudadanos no le quedó más remedio que claudicar. El secretario de Organización Territorial, Fran Hervías, que días antes había sugerido la marcha de Igea si perdía las primarias, viajó a Valladolid para reconocer que era el legítimo ganador, tras haberse anulado 81 votos que no se podían vincular a ningún afiliado. El glamuroso fichaje del PP había caído en desgracia. Aunque Hervías llegó a asegurar a eldiario.es que se le buscaría un sitio, Francisco Igea precisó después que Clemente no iría en su lista. Y así fue. La misma tarde en que se proclamó al legítimo ganador, Yáñez, valedor de Clemente, presentaba su dimisión.

Fuentes del partido achacan su salida a los informes que había presentado sobre la candidata: apenas prestó atención a las informaciones publicadas por eldiario.es sobre los contenciosos de su marido con su familia, por las obras de más de un millón de euros en una vivienda que no se sabe cómo pagó, o sobre las subvenciones que Clemente concedió a sus empresas y que le llevaron a enfrentarse en los juzgados con la propia Junta de Castilla y León. Intentó cobrar dos veces la misma ayuda, cuyos expedientes desaparecieron de los archivos oficiales y además presentó un documento falsificado.

Igea ganó pero tuvo que aceptar las imposiciones del aparato. Que no hubiese ‘purga’ de todos aquellos que apoyaron a Silvia Clemente, entre ellos los parlamentarios de la etapa anterior. Luis Fuentes, que había posado encantado junto a la expresidenta de Las Cortes para escenificar una transición pactada, entró en la lista autonómica. Lo que no sabía Igea al pactar la candidatura era que la dirección lo auparía meses después a la presidencia de las Cortes, al final fue él el que sucedió a Clemente al frente del parlamento regional.

El candidato a la Junta ya había tenido que tragar con una lista continuista, y detrás de eso llegaron más sapos. Durante la campaña de las autonómicas insistió el que pondría fin a los 32 años del PP en Castilla y León, en que no sostendría a un partido asolado por casos de corrupción, en que traería el cambio a la región. Tan clara fue su campaña en ese sentido, que el candidato del Partido Popular repitió una y otra vez que Ciudadanos tenía «un pacto oculto» con el PSOE.

Si lo tuvo, nunca lo llevó a cabo. Los resultados del 26M abrían dos posibilidades, que el partido más votado, el socialista, sumase a sus 35 escaños los 12 de Ciudadanos, o que la docena sostuviese a los 29 parlamentarios del PP en el poder.

Igea, una vez más tuvo que someterse a los designios de Albert Rivera. El «socio preferente» era el PP. La primera reunión de las comisiones negociadoras de los dos partidos fue reveladora. Los enviados de las direcciones nacionales, José María Espejo (Ciudadanos) y Teodoro García Egea (Partido Popular) anunciaron a la prensa una reunión «fructífera» y «esperanzadora» ante un Francisco Igea visiblemente molesto. Lo peor estaba aún por llegar. El candidato de Ciudadanos se revolvió y endureció la exigencias para pactar, pero nada de lo que pidió se llevó a efecto porque la dirección siempre atemperó la pelea. Lo siguiente fue firmar un acuerdo de 100 medidas para el gobierno que descafeinaban las peticiones que él hizo. Mientras el PSOE pedía una reunión, el partido de Rivera cerraba la puerta sin que Igea se atreviese a romper la disciplina pero declarando que sólo había que «salir a la calle» para percibir el «cabreo de los votantes con Ciudadanos».

El mismo día en que se anunciaba el preacuerdo, Ciudadanos y el resto de grupos de la oposición llevaban a la Fiscalía Anticorrupción el caso del Hospital de Burgos. Era una decisión adoptada entre todos que dejaba al partido en una difícil situación: hacía socio de gobierno al mismo partido al que denunciaba por presunta prevaricación, malversación y otros delitos vinculados a la corrupción.

La dimisión de Igea que esperaba el partido

Con todo, las negociaciones siguieron adelante. En medio de las reuniones, se produjo una revuelta en el seno de la ejecutiva nacional de Ciudadanos, a la que también pertenece Igea. A petición del eurodiputado Luis Garicano se sometió a votación abrir negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. Ganó, por abrumadora mayoría, el no. El responsable del programa económico de Ciudadanos, Toni Roldán anunció después su baja en el partido por su «giro a la derecha». Le siguió el eurodiputado Javier Nart, que también dejaba la dirección. Mientras esto ocurría, Igea actualizaba su foto de Twitter con una foto abrazado a Roldán.

En plenas negociaciones en Castilla y León, el líder se posicionaba a favor de un dimisionario. Y saltaron las alarmas: ¿Podía Igea romper el principio de pacto? ¿Planeaba dejar el partido? El misterio se desveló al día siguiente en una rueda de prensa en Valladolid. Allí, Igea tuvo que repetir el mensaje tres veces: «No voy a dejar el partido». El recado no era para los medios. Según pudo saber eldiario.es, desde Madrid, Ciudadanos había dejado lista una nota de prensa de tres párrafos agradeciendo el trabajo de Francisco Igea: daban por hecha su dimisión, que no se produjo.

El pacto para mantener al PP en el poder y al frente de Castilla y León durante otros cuatro años más y después de 32, ya está firmado. No es el mejor para Ciudadanos, no ha conseguido ni un sola de las consejerías fuertes: Ni Economía y Hacienda, ni Agricultura, Fomento o Educación. Sí tiene la que concentra una buena parte del presupuesto, Sanidad, pero no deja de ser una cesión envenenada en una comunidad caracterizada por el envejecimiento de su población y la dispersión. Paradójicamente sí contará con un departamento de nueva creación: Transparencia y Regeneración, al cargo del propio Igea, que también será vicepresidente y portavoz de la Junta. Será él quien tenga que dar la cara si aflora un caso de corrupción, sea o no de su partido.

Que Igea está solo lo evidencia la letra pequeña de las negociaciones en el parlamento regional. El pasado miércoles, el presidente de las Cortes, Luis Fuentes, propuso que Ciudadanos ocupase la primera fila del hemiciclo siendo la tercera fuerza política, lo que relegaba a la primera, el PSOE, a una posterior. Los socialistas protestaron e Igea aseguró que no haría una «cuestión de comunidad» por los sitios que ocupaba cada grupo parlamentario. Fuentes ignoró esta indicación y la Mesa de las Cortes aprobó su propuesta.

El líder del grupo parlamentario y futuro vicepresidente del Gobierno no cuenta con el apoyo de la dirección y está por ver la fidelidad de sus diputados. «En todo este proceso», relatan fuentes parlamentarias, «Igea nunca ha estado solo, el partido le ha mantenido ocupado y vigilado para evitar cualquier maniobra que pusiese en riesgo el pacto». Mientras, resuenan una de las últimas frases de Igea: «Alfonso Fernández Mañueco no es mi candidato ideal». El pasado martes Igea hizo presidente con su voto y el de su grupo a Fernández Mañueco, que pasa a ser su jefe en el Gobierno regional. Como ha impuesto la dirección de Ciudadanos desde Madrid.


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