Casi la mitad del programa de Vox para las elecciones europeas se dedica a decir por activa y por pasiva que hay que combatir la migración. Otra buena parte va para seducir al sector de la caza. Y lo que queda, para impugnar la integración europea y reivindicar la soberanía de los Estados. Y tanto los elementos soberanistas como plantear muros a la migración son genuinamente propios de los líderes europeos de la extrema derecha, Matteo Salvini y Marine Le Pen.

Vox aún no ha dicho a qué grupo parlamentario irá tras las elecciones: tiene unas relaciones fluidas con ECR –donde se integra el ultraconservador polaco Justicia y Libertad–, pero su música suena mucho a Lega y Front National –ahora Agrupación Nacional–.

El programa de Vox comprende 100 puntos distribuidos en 25 páginas. Nada que ver con los 12 puntos que cabían en una sola página de hace cinco años, en los que aún no estaban presentes ni la música ni la letra de los líderes de la extrema derecha europea. 

Programa de Vox de las elecciones europeas de 2014.

Negación de la historia. Vox arranca su programa electoral de las europeas de 2019 afirmando que «Europa es el resultado de una fusión armónica entre el pensamiento griego, el derecho romano y la espiritualidad cristiana», pero basta pasearse por las muy europeas ciudades de Córdoba o Granada para transportarse al mundo árabe. O recordar los progromos tanto medievales en España como durante el nazismo o el fascismo italiano para reconocer la presencia centenaria del judaísmo en Europa. O fumar tabaco, comer patatas o picotear chocolate para reconocer las influencias de la América precolombina, por ejemplo.

Antropocentrismo. «La libertad individual y la concepción de un Estado democrático al servicio del Hombre». Podrían haber elegido la palabra Humanidad. Pero han preferido Hombre, así, en mayúsculas. Y no por casualidad.

La unidad de España por encima de todas las cosas. «España es la que se da una Constitución cuyo fundamento es la indisoluble unidad de la Nación», señala Vox en su programa para las elecciones europeas.

Ciertamente, el artículo 2 del título preliminar de la Constitución dice: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». 

Pero no acaba ahí la frase, sigue así: «Y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

Es más, el título preliminar de la Constitución tiene más artículos que definen el Estado español.

El artículo 1 afirma que «España se constituye en un Estado social y democrático de  Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político»; que «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado»; y que «la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria».

Y el resto de artículos, hasta el 9, hablan del reconocimiento a las diferentes lenguas del Estado, a los símbolos de las autonomías, así como el reconocimiento a los partidos, sindicatos y organizaciones. Pero Vox sólo se queda con la «unidad de España».

Eurocentrismo. «Europa constituye la Civilización por excelencia, con no menos de dos mil quinientos años de historia». No menos de 2.500 años de historia. Vox olvida que hace 2.500 años, las pirámides de Egipto ya habían cumplido 2000 años; que por aquel entonces la China imperial –que inventó la pólvora de las armas que tanto gustan en Vox– estaba esculpiendo los guerreros de Xi’an; o que los mayas levantaban Tikal al tiempo que los musulmanes entraban en la Península Ibérica –donde se asentaron durante siete siglos–.

Conspiranoia: «Europa se ve amenazada por las fuerzas coordinadas de dos movimientos aparentemente contradictorios pero que confluyen en el mismo objetivo: la destrucción o dilución de los Estados-Nación». ¿Y cuáles son estas fuerzas? «El fortísimo movimiento disolvente constituido por los partidos y organizaciones regionalistas y abiertamente separatistas que atacan la unidad de las Naciones-Estado reclamando la reconfiguración de la Unión hacia una Europa de las Regiones, que es volver a los tiempos anteriores al Renacimiento».

Realmente el «movimiento disolvente de organizaciones separatistas» existe en España, en Bélgica y en Reino Unido, pero este último Estado está en camino de ser ex miembro de la UE. Es decir, en tres países de 28. Porque el que era un fuerte movimiento separatista, los amigos italianos de Vox, la Liga Norte, los que teorizaban la Padania y acudían a reuniones con independentistas vascos y catalanes, ya no parecen serlo tanto.

Y lo que no tiene en cuenta Vox es que los Estados-Nación de los que habla no son tan centenarios. Algunos acaban de crearse –República Checa, Eslovaquia–, y la mayoría se configuraron tal y como están ahora en los mapas en el siglo XIX o principios del XX.

La segunda razón que da Vox es «el no menos fuerte movimiento multiculturalista que desde postulados relativistas y antieuropeos pretende diluir la realidad cultural y la consciencia histórica de Europa convirtiendo el continente en un vaso vacío de contenidos y principios morales, convirtiendo así a Europa en un juguete de fácil manejo por las grandes corporaciones y lobbies». Es decir, todo aquel que asuma que la Europa de 2019 es algo más que Grecia, Roma y el cristianismo.

Soberanismo patriótico. «Ni los mismos Tratados se atreven a hablar de una identidad europea, a diferencia de las identidades nacionales de los Estados miembros que las instituciones comunitarias se obligan a respetar; de tal forma que cuando esa misma identidad nacional de España pueda verse en peligro, tenemos el derecho y el deber de exigir a las instituciones comunitarias el respeto a los españoles, con todos los medios que nos confiere la Ley».

Vox niega la «identidad europea» para reivindicar la «identidad nacional de España». Pues bien, en la Constitución española solo aparece una vez la palabra identidad, y es para referirse a la de las comunidades autónomas: «Los Estatutos de autonomía deberán contener la denominación de la Comunidad que mejor corresponda a su identidad histórica».

Please, try again! Vox asegura que se está produciendo «la práctica desaparición de la regla de unanimidad que cede a favor de las mayorías». Pero es al revés: la Comisión Europea ha intentado que así fuera para tender a la armonización fiscal en esta legislatura. Sin ningún éxito. Y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, por ejemplo, lo está planteando ahora para la elección de los futuros cargos de las instituciones europeas tras las elecciones, pero no está previsto en los tratados. En las decisiones importantes y en la mayoría de las decisiones, la regla de la unanimidad –o el derecho de veto– permanece.

La culpa de todo la tiene Yoko Brussels. «Mientras el proceso de integración europeo se mantuvo en la cooperación libre y voluntaria entre Estados, Europa creció y con ella sus miembros; cuando se ha impuesto transitoriamente la tesis federal, Europa ha entrado en la mayor crisis de los últimos 40 años; pues el crecimiento de unos pocos se hace a costa del resto de Estados miembros, que ven en peligro su propia identidad política y cultural. Entre ellos, España». ¿Está en peligro la identidad política y cultural de España? Eso afirma Vox. Y culpa de ello a la supuesta «federalidad de Europa», cuando quienes tienen la última palabra en la UE son los gobiernos y los ciudadanos no pueden votar listas trasnacionales en las europeas ni elegir en las urnas a quién quieren de presidente de la Comisión Europea porque precisamente son los gobiernos los que lo eligen.

Padre nuestro. «Nosotros deseamos liderar en las instituciones comunitarias otra visión de Europa. Una Europa fuerte cuya fortaleza resida en la libertad política de sus miembros y de sus nacionales, que voluntaria y conscientemente asuman como principal objetivo la promoción de los valores europeos singularmente encarnados en la Civilización cristiana». Vox afirma que quiere liderar en las instituciones europeas. Las tres principales instituciones europeas son: Consejo Europeo, Comisión Europea y Parlamento Europeo. En tanto que Vox no forma parte del Gobierno de España, no está en el Consejo Europeo, por lo que nada puede liderar en el Consejo Europeo. Y como no está en el Gobierno, es poco esperable que el comisario español que debe elegir Pedro Sánchez pertenezca a Vox, por lo que es descartable que Vox pueda liderar nada en la Comisión Europea.

En cuanto a la Eurocámara, en la medida en que las encuestas y el 28A sitúan a Vox en torno al 10%, eso supondrán unos 5-6 escaños de los 54 que elige España. Es decir, el liderazgo de 5-6 de entre los 751 que hay en el Parlamento Europeo. 

¿Y liderar para qué? ¿Para promover la democracia, los derechos humanos y la igualdad? No, para «la promoción de los valores europeos singularmente encarnados en la Civilización cristiana». ¿A qué se refieren? ¿A los de la parroquia de San Carlos Borromeo, en Vallecas, por ejemplo, y otras tantas como ella? ¿O a los que llevaron a Franco bajo palio?

Identidad buena Vs Identidad mala. «Desde Vox reclamamos que la Unión Europea vuelva a ser la Europa de los Estados miembros, que es la Europa de las naciones democráticas, y no una Europa de burócratas sin identidad nacional ni una Europa de identitarismos que amenazan la unidad de las grandes naciones soberanas europeas, y por ello, la propia unidad de Europa». Es verdad que hay muchos funcionarios trabajando en las instituciones europeas, pero también es cierto que los que mandan son los gobiernos. En todo caso, Vox, en el mismo párrafo, critica tanto a los «burócratas sin identidad» como a los «identitarismos» que amenazan «la unidad de Europa».  

Don Pelayo. «Vox concurre a las Elecciones Europeas con la firme voluntad de llevar al Parlamento Europeo, en primera instancia, y luego a todas las instituciones comunitarias, la voz de una parte sustancial del pueblo europeo, cual es el pueblo español, y exigir de ellas un cambio de rumbo en las políticas comunitarias: España y Libertad». ¿Acaso el Parlamento Europeo no es una institución comunitaria? ¿Y a qué otras instituciones comunitarias quiere acudir Vox si sólo se presenta al Parlamento Europeo?

«Los eurodiputados de Vox se comprometen a exigir en el Parlamento Europeo la elaboración de una recomendación al Consejo para la adopción de un nuevo tratado europeo que garantice el poder soberano de los Estados Miembros en el cual, se incluya la posibilidad de una Europa de diferentes velocidades donde los Estados que no quieran seguir la integración europea sean respetados y en ningún caso forzados a ello contra su libertad». Vox parece que no sabe que ya existe una Europa de varias velocidades. Por ejemplo: en lo económico, los que tienen euro y los que no. En lo fronterizo, los que están en Schengen y los que no.

¡No nos moverán! «Los eurodiputados de Vox utilizaran su fuerza dentro del parlamento Europeo para reducir al mínimo la capacidad legislativa, en sus distintas formas, en aquellas comisiones que la Unión Europea no tenga competencias exclusivas. Es muy necesario que se mantenga el principio de competencia estatal ante cualquier duda legislativa». El 10% del voto en España representará, aproximadamente, entre 5 y 6 eurodiputados, de 751. No está claro cuánto podrán un puñado de eurodiputados «reducir al mínimo la capacidad legislativa» de la Cámara, lo que sí podrán esos eurodiputados hacer sin encomendarse a nadie es reducir su capacidad legisladora al mínimo.

¿Veto de Vox? Pero no sólo eso, es que Vox anuncia su «veto a cualquier reforma de los Tratados tendente a institucionalizar un Estado federal, como la propuesta recurrente de una Comisión Europea votada por sufragio universal de todos los europeos con poderes acrecentados; o nuestro Veto al voto de los europeos residentes extranjeros en las elecciones legislativas nacionales». Veto, por muchas veces que lo ponga con mayúsculas, no podría tenerlo Vox en el Parlamento Europeo salvo que dispusiera de la mitad más uno de los 751 europarlamentarios. Y eso no parece que vaya a ocurrir. 

Ya estás tardando con Gibraltar. El conflicto por Gibraltar ya ha cumplido tres siglos. Pero Vox lamenta que «tampoco la incorporación de España a la Unión ha traído beneficios en cuestiones tan relevantes como la protección de los limites exteriores (Ceuta, Melilla, Canarias), la solución inmediata de la cuestión de Gibraltar mediante la necesaria reintegración a la plena soberanía de España, o la misma garantía de la unidad nacional». Es decir, que, después de 300 años sin Gibraltar, la UE no ha dado una «solución inmediata» a la cuestión del Peñón «mediante la reintegración a la plena soberanía de España». 

«Es inaceptable que exista un paraíso fiscal en suelo soberano español», sentencian.

¿Hemos hablado ya de la Unidad de España? «Durante los últimos años, ante el desafío secesionista en Vascongadas y singularmente en Cataluña, las instituciones de la Unión han sido rácanas en la defensa de la Unidad de España como base y fundamento de Europa siendo exigible en todo caso una más directa implicación de las instituciones comunitarias –a riesgo, como ha sucedido, de que gran parte de la población española manifieste su falta de adhesión a este proyecto europeo de élites alejadas de la realidad– en la defensa de la soberanía y dignidad de las Naciones que la conforman». Después de reclamar una y otra vez que la UE no se inmiscuya en los asuntos de cada país, ahora Vox reprocha a la UE que no se ha inmiscuido en uno de los principales problemas políticos españoles. Todo sea por la Unidad de España, así, en mayúsculas: «Unidad».

Por ti no pasa el tiempo, 25 años no es nada. ¿Qué es un cuarto de siglo cuando estamos hablando de Grecia, Roma y el nacimiento de Cristo, se preguntarán en Vox? Pues nada. Quizá por eso el partido de Santiago Abascal habla de la «incorporación de nuevos Estados como Hungría, Chequia, Austria, Polonia». ¿Nuevos Estados? La fecha de adhesión de Austria es el 1 de enero de 1995. El 1 de enero de 1995. Y la de Hungría, Polonia y República Checa, el 1 de mayo de 2004.

Nuevo, lo que se dice nuevo, sólo es Croacia, cuya adhesión se produjo el 1 de julio de 2013. Seis años después que Rumanía y Bulgaria –que completaron la ampliación al Este que había comenzado en 2004–.

Pero a Vox le interesa hablar de Hungría, porque tiene afinidad con Viktor Orbán; y de Austria, porque Sebastian Kurz gobierna con la extrema derecha; y de Polonia, porque el partido en el poder –Ley y Justicia– es amigo suyo; y de la República Checa, porque forma parte del llamado Grupo de Visegrado, escéptico con Bruselas, junto con Polonia, Hungría y Eslovaquia. Y, sobre todo, porque ninguno de los cuatro ha firmado el Pacto de las Migraciones de la ONU.

Porti chiusi. Es el lema de Matteo Salvini: puertos cerrados a las ONG que rescatan migrantes a la deriva en el Mediterráneo. Pero también podría encarnar el 45% del programa electoral de Vox a las elecciones europeas: 45 puntos de los 100 que lo componen hablan de migración y asilo. Son 45 puntos que pueden resumirse con el hashtag del líder de la Lega: puertos cerrados. Puertos y fronteras y caminos y montañas. Y, el que pase, que sea devuelto lo antes posible.

Hasta tal punto llegan las fronteras a lo que no sea blanco, europeo y cristiano, que Vox deja claro su rechazo «a la entrada de Turquía en la Unión Europea y planteamos abiertamente la necesidad de reformular y redefinir las relaciones existentes con los países islámicos de Oriente Medio y el Magreb».

Gutiérrez, que le veo… «Propondremos la supresión del Comité de las Regiones; que es un órgano innecesario, que genera un considerable gasto y lentitud en los procesos legislativos y que supone una indirecta violación de la organización libre política de los Estados miembros». El papel legislativo del Comité de las Regiones se limita a realizar dictámenes sobre proyectos de la UE –ninguno vinculante–; proyectos que se han de aprobar por el Consejo y el Parlamento. Es decir, difícilmente puede ralentizar procesos legislativos, en tanto que no legisla. Y que un organismo consultivo de ayuntamientos y regiones –algo que no existe solo en Europa–, sin peso entre las instituciones comunitarias suponga una «indirecta violación de la organización libre política de los Estados» resulta chocante.

Larga vida al Brexit. «Proponemos la reforma del Tratado a fin de blindar el art. 50 que reconoce el derecho de cualquier Estado a decidir dejar la Unión Europea». ¿Cómo se puede blindar aún más un artículo que está en un Tratado que sólo se puede modificar por unanimidad y luego debe ser ratificado por los Estados miembros?  «Cualquier reforma en el sentido contrario sería un ataque al espíritu de integración». ¿Quién está planteando una reforma en sentido contrario?

Tú sí, tú no. Vox defiende una UE como «espacio de intercambios no sólo económicos sino culturales o artísticos, abierto al mundo, y especialmente, a las naciones que conforman la comunidad histórica europea: Rusia y su área de influencia, la América hispana, los Estados Unidos de América y su área de influencia y, luego, el resto del mundo». ¿Esas son las áreas que conforman la comunidad histórica europea? ¿Más que las dos orillas del Mediterráneo? ¿Y que Bizancio? ¿Cuáles son los límites del «área de influencia» de Rusia y EEUU y qué comunidad histórica europea conforman? ¿Por qué la América hispana y no el África francófona?

Siguiendo a Orbán. «Propondremos la creación a nivel comunitario de una Agencia para la ayuda a las minorías cristianas amenazadas, imitando la iniciativa de Hungría». El Gobierno de Hungría ha ido otorgando en los últimos años la nacionalidad a familias cristianas de Irak y Egipto, por ejemplo. Y Vox quiere hacer lo propio desde la UE a imagen y semejanza del ultra primer ministro húngaro, suspendido del Partido Popular Europeo por sus excesos.

Gimme the money! La Unión Europea es la responsable de todo malo… Pero que el las subvenciones al campo, uno de los graneros electorales de Vox, se mantengan como están. Y eso que representan el 40% del presupuesto comunitario. «Vox impulsará en las instituciones europeas que se mantengan los actuales niveles de financiación para la PAC en las negociaciones en el Parlamento Europeo, como política vertebradora del medio rural».

TTIP, CETA, JEFTA y el que venga. «Los acuerdos comerciales europeos con otros países suelen necesitar muchos años para su negociación y aprobación y normalmente son grandes acuerdos donde miles de normas se juntan para favorecer a las organizaciones existentes en ambos territorios».

La caza como arma contra el cambio climático… «Queremos UNA CAZA EUROPEA como eje de las políticas medioambientales». Así, mayúsculas: UNA CAZA EUROPEA.

…y gastando más dinero en armas… «Incrementar y racionalizar el presupuesto de Defensa europeo y, sobre todo, exigir una mayor participación de España en el Fondo Europeo de Defensa, sin menoscabo de la competencia exclusiva en materia de defensa nacional».

…para usarlas, claro… «A tal fin, VOX defenderá la intervención y participación de España en misiones militares de combate contra la amenaza yihadista que puedan ser promovidas o asumidas por la Unión, siempre que sean acordes a nuestros intereses y capacidades».


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