La lucha ecologista en Alemania está experimentando un auge en los últimos meses. Las pasadas elecciones europeas arrojaron una fotografía insólita: Los Verdes fueron el segundo partido más votado, superando por primera vez al Partido Socialdemócrata (SPD), principal socio de Angela Merkel. A este entusiasmo electoral se unen varias acciones climáticas de gran calado, como la defensa a ultranza del Bosque Hambach, que la empresa energética RWE quiere sustituir por una gran extracción de lignito. De las cuatro mil hectáreas iniciales, ya solo quedan doscientas.

El movimiento ecologista Ende Gelände organiza una acción anual que consiste en ocupar y detener la producción de una de las mayores minas a cielo abierto de Renania del Norte-Westfalia mediante diversas técnicas que no desvelan. Ahora su portavoz ante la prensa, Daniel Hofinger, ha recibido una carta de RWE donde se le exige el pago de 50.000 euros en concepto de daños y perjuicios por acciones como la paralización de excavadoras en el bosque Hambach.

“Ahora me piden cincuenta mil euros y, si no los pago, pueden comenzar un proceso judicial contra mi. No sé de dónde se sacan esa cantidad y siendo una empresa tan poderosa, cuentan con los suficientes medios como para iniciar cualquier acción jurídica”, argumenta Daniel Hofinger en declaraciones a El Salto.

Este año la paralización de la mina cercana a Manheim tendrá lugar entre el 19 y el 24 de junio y se espera que miles de activistas llegados de todo el país se involucren. Ataviados con trajes blancos y mascarillas, se unen en cadenas humanas y consiguen detener la actividad minera para hacer una llamada climática.

“Con esta carta amenazante, RWE quiere ponerme una mordaza. Es chocante viniendo de una gran empresa que lo que hace es destrozar el medio ambiente. Por ejemplo, la Gran Coalición de Merkel, no garantiza tampoco la protección medioambiental. Suscriben los acuerdos internacionales, como el Acuerdo de París, pero les interesan poco”, aduce Hofinger. Alemania se ha comprometido a reducir drásticamente sus emisiones para 2020 y mediante el llamado Energiewende pretenden cerrar todas las centrales nucleares en 2022. Pero la realidad es que un 40,3 % de la energía que se consume actualmente en el país proviene todavía del carbón. “Llevamos ya más de seis meses con el movimiento Fridays for future en las calles cada viernes, viendo como exhibe su gran fuerza. Deberían replanteárselo y cambiar radicalmente su política medioambiental”.

Miles de personas tomaron la mina de carbón de Hambach, la más grande Europa, el 6 de noviembre.
Enden Gelaende

El sexto país importador mundial de carbón cerró varias de sus minas el año pasado, pero permite que empresas como RWE sigan expandiendo sus explotaciones. “Fridays for future hará una huelga internacional el próximo 21 de junio en Aachen y ya han recibido cartas de la policía en las que les advierten de no participar la acción de Ende Gelände”, recuerda Hofinger.

En septiembre varias organizaciones activistas, entre ellas Ende Gelände, ocuparon el bosque Hambach y una demanda del colectivo BUND-amigos de la tierra paralizó su destrucción, a la espera ahora de resolución. “Esto ha sido un gran éxito para el movimiento ecologista y climático, por eso nos quieren poner una mordaza. En mi caso, seguiré luchando sin descanso”.


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