Hace unos días murió el militar Carlos Blanco Escolá a los 86 años de edad. «Con él ha desaparecido desgraciadamente un historiador militar, demócrata, antifascista, antifranquista, enamorado de su profesión y a mil leguas de quienes siguen tendiendo mitos sobre una de las figuras y una de las etapas más sombrías del pasado de España», escribía el historiador Ángel Viñas. Ha habido otros militares con este perfil que se jugaron su carrera y su libertad. Por ejemplo casi nadie se acuerda ya de Fernando Reinlein, Jesús Martín Consuegra, Santiago Perinat o Luis Otero, de la Unión Militar Democrática (UMD), que fue una asociación clandestina de militares españoles que se fundó en los últimos años del franquismo por tres comandantes y nueve capitanes con el objetivo de democratizar las Fuerzas Armadas y derrocar a la dictadura.


Estos “raros” militares defendían en el tardofranquismo, dentro del estamento más rancio y franquista de todo el país: “convocar una asamblea constituyente que elaboraría una Constitución homologable a la del resto de países occidentales europeos, el establecimiento de las libertades democráticas y de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción, reformas socioeconómicas para la mejora de condiciones de vida de los españoles y una reforma democrática de la Justicia Militar, la Ley del Servicio Militar y una reorganización racional del ejército”. Sobra decir que en cuanto se supo ellos acabaron en la cárcel, repudiados, apestados a partir de ese momento por el resto de “hermanos en las armas”, que no entendían como era posible que en el hiperfranquista ejercito español se hubieran colado tamaña panda de “rojos”. Se estima que pertenecieron a UMD entre 200 y 400 militares, la revolución portuguesa de los Claveles aún estaba caliente, y claro.

Luego llegó la Transición, el famoso “ruido de sables” que condicionó de forma firme todo ese proceso, el grosero intento de golpe de estado del 23 de febrero, que debía de haber servido para limpiar de forma radical el ejercito, como hiciera Azaña en su momento con los energúmenos, y corruptos africanistas y no meter solo en la cárcel a los Tejero, Milans del Bosch, Armada y a los cuatro pardillos que se sumaron a la charlotada. Se dice que el fracaso en algunos acuartelamientos del golpe fue responsabilidad de oficiales de la UMD.


El ministro de Defensa socialista Narcis Serra, tras las elecciones generales de 1982, con lo sables aún calientes y afilados, fue el encargado de “modernizar y democratizar” las Fuerzas Armadas, pero la cosa fue solo estética. La reforma ética más importante de nuestras fuerzas armadas la hizo el tiempo, las obligadas jubilaciones y fallecimientos. Los siguientes mandamases democráticos tampoco hicieron mucho, más allá de mantener las inversiones en los necesarios cacharritos bélicos, hacer participar al ejercito en alguna misiones europeas bélicas y humanitarias o alejar la imagen pública de la institución de aquel pasado golpista-franquista tan feo.


Tras Narcis Serrra la lista de ministros y ministras es de lo más deslumbrante: Gustavo Suarez Pertiera, Eduardo Serra, Federico Trillo, José Bono, José Antonio Alonso, Carme Chacón, Pedro Morenés, María Dolores de Cospedal y ahora Margarita Robles. Deberíamos pensar que nuestro ejército es por fin competente, moderno y democrático. Pero solo hasta que llegó Carme Chacón en el 2010 se pudo homenajear abiertamente a la Unión Militar Democrática y se entregaron las Cruces del Mérito Militar y Aeronáutico a 14 antiguos miembros de la UMD por: “la valentía que demostraron al colaborar decididamente en el camino hacia la democracia en España y por cuyo papel algunos fueron encarcelados, juzgados, condenados y expulsados del Ejército”.

Los casos del Capitán Luis Gonzalo Segura, arrestado y expulsado del ejercito, y los enjuagues que cuenta en sus libros Un paso al frente o El libro negro del ejército español, o el caso de acoso de la Comandante Zaida Cantera son la punta del iceberg de algunos tics franquistas


Sin embargo, los casos del Capitán Luis Gonzalo Segura, arrestado y expulsado del ejercito, y los enjuagues que cuenta en sus libros Un paso al frente o El libro negro del ejército español,o el caso de acoso de la Comandante Zaida Cantera son la punta del iceberg de algunos tics franquistas que aún perviven entre las filas de nuestro ejercito. En estas últimas semanas han fichado por el partido de extrema derecha VOX el teniente general del Ejército del Aire Manuel Maestre, el general Antonio Budiño Carballos, el general de División del Ejército de Tierra Alberto Asarta y el general de Brigada de Infantería de Marina Agustín Rosety. Se dice que estos nombres, lejos de demostrar que el franquismo sigue aún vivo entre las prietas filas lo que certifica es la pluralidad ideológica del mismo ya que en la otra parte Podemos tiene entre sus miembros nada menos que a Julio Rodríguez, el que fuera jefe del Estado Mayor de la Defensa. Las falsas equidistancias es lo que tienen, que son la peor de las trampas.

Tan largo rodeo para llegar hasta nuestro “facha” de hoy, el almirante Luis Carrero Blanco, mano derecha e izquierda de Franco desde que en 1941 redactase un famoso informe recomendando la neutralidad española en la II Guerra Mundial que maravilló al Generalísimo. Fue Subsecretario de la Presidencia del Gobierno del 41 al 73 y luego Vicepresidente del Gobierno del 67 al 73 y nada menos que presidente del Gobierno ese mismo año hasta que ETA voló el Dodge 3.700 GT de 1.800 kilos con tres cargas antitanque equivalentes a cincuenta kilos de dinamita. El coche voló literalmente por los aires y cayó en la azotea de un edificio. Murió Carrero, su chofer y el escolta. Como escribió el director de El País Juan Luis Cebrián, “muchos demócratas, enemigos de la violencia y del terrorismo etarra, no tenían otro remedio que reconocer —con cuidado, no se les fuera a confundir— que, a la postre, los magnicidas habían cumplido con un destino histórico y su acción había liquidado cualquier posibilidad de continuismo franquista”, es decir, que el champán corrió por las casas de muchos antifranquistas y se hicieron chistes que fueron muy populares por entonces sobre este magnicidio.

Años después, muchos años después, 44 años después, 13 tuits chistosos sobre el asunto le valieron a Cassandra Vera una condena de cárcel, que luego sería revocada por los pelos

Años después, muchos años después, 44 años después, 13 tuits chistosos sobre el asunto le valieron a Cassandra Vera una condena de cárcel, que luego sería revocada por los pelos. El año pasado el manifiesto titulado Declaración de respeto y desagravio al general Francisco Franco Bahamonde, soldado de España fue firmado por 181 militares retirados, así que la cosa facha sigue ahí, latente, tal vez minoritaria, rancia, residual, pero…

Pero de Carrero no nos interesa tanto su “vuelo” como su “cuco” perfil político. Por una parte fue un eficiente burócrata, el artífice de la modernización económica y administrativa del Estado y promovió la sucesión monárquica de Juan Carlos I, dentro de un aparato que debería de haber seguido siendo cien por cien franquista tras la muerte de Franco. Un “Estado católico, social y representativo, conforme con su tradición y constituido en Reino”. Por otra parte, Luis Carrero Blanco estuvo toda su vida obsesionado con el comunismo, el judaísmo y la masonería, y era un enemigo feroz de cualquier tipo de liberalismo y democracia. Sencillo en sus hábitos y costumbres, de misa diaria, con fama de honesto frente a otros gerifaltes franquistas que se enriquecían sin vergüenza desde sus respectivas esferas de poder, era un tipo de ideas fijas que no cambiaron un ápice en los treinta años que ejerció su poder: «El diablo inspiró al hombre las torres de Babel del liberalismo y del socialismo, con sus secuelas marxismo y comunismo».

Estas ideas que hoy nos suenan más a Luis García Berlanga, espolearían uno de los proyectos más inquietantes de nuestro Almirante: el diseño y la fabricación de una bomba atómica Española. En 1958 Carrero Blanco inaugura el Centro Nacional de Energía Nuclear en las instalaciones construidas en la Ciudad Universitaria de Madrid, luego Francia le ofrecerá el combustible necesario, la central de Vandellós I se inauguró después de un acuerdo de colaboración firmado entre Carrero Blanco y De Gaulle, también ciertas fotos o componentes de los tres artilugios atómicos caídos en Palomares darían algunas claves a los diseñadores patrios del petardo. En los sesenta, España contaba con científicos y ingenieros experimentales competentes para fabricar con éxito el artefacto. Cuando EEUU se enteró de este proyecto, forzó a España y Francia a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Francia no firmó, España sí, tras el asesinato de Carrero. Hay teorías de la conspiración que afirman que Kissinger conocía el asunto de la “Operación Ogro” de ETA y dejó hacer. Sin Carrero la aventura atómica de España quedó paralizada. Pero esa es otra historia.

Lo que nos interesa del perfil de Carrero es su personalidad y su teoría política, su idea de un Franquismo sin Franco, con el Rey Juan Carlos I de pelele necesario, su odio visceral a todo lo que sonase a izquierdismo, su inmovilismo a ultranza, su pacatura histórica, su simplista ideal patriótico de lo que debía ser España en el pasado, presente y futuro, y que asoma la patita de forma recurrente en nuestro presente, ya sea por un chiste, el análisis de Carlos Blanco Escolá sobre la incompetencia militar de Franco o ante la intención de sacar a su momia de Cuelgamuros.

Tal vez acertase Carrero en aquel informe que recomendaba a Franco no meterse en las aventuras de las Segunda Guerra Mundial (siendo inicialmente muy germanófilo), pero no en sus análisis prospectivos hacia donde iba España y Europa por aquellos años sesenta y setenta. Además, su gusto por los juguetitos atómicos nos recuerdan a aquel militar de la película de Kubrick ¿Teléfono Rojo?, volamos hacia Moscú. No podemos hacer historia política ficción sobre qué hubiera pasado si hubiera fracasado el atentado. Los autores del “vuelo” nunca fueron juzgados, la amnistía del 77 corrió un tupido velo sobre el cómo y el quién lo sabía, los documentos siguen clasificados. Lo cierto es que su desaparición hizo ver a muchos franquistas que el emperador estaba desnudo y viejo, el franquismo sin Franco sería más complicado, el duro de Carlos Arias Navarro le sucedió en la presidencia y… el circulo se cierra, ya hablamos aquí de Carlos. 

PD: Con el último f de facha representante del catolicismo ultra cerraremos el capítulo de los Fachas históricos para meternos en los siguientes con los fachas de hoy, herederos de estos, pero más jóvenes, guapos y preparados.


Source link

Deja un comentario