En los últimos días no le deja de sonar el teléfono. Eduardo Fernández Rubiño (Madrid, 1991) va a llevar la marca de Iñigo Errejón a las instituciones nacionales como primer senador de Más Madrid. Su desembarco, dice, es una «declaración de intenciones» para demostrar que las personas LGTBI pueden estar «en la primera línea». Pero no un preludio, asegura, de que la plataforma vaya a extenderse a nivel nacional. 

Pese a su juventud, Rubiño es ya un referente político LGTBI. Hace unos meses, cuando aún formaba parte de Podemos, se subió a la tribuna de la Asamblea de Madrid con una camiseta con la palabra ‘maricón’ y desde allí pidió a Ciudadanos que se comprometiera a no pactar con Vox.

Han pasado cinco meses de aquel vídeo viral y recibe a eldiario.es unas horas después de que Vox haya pedido identificar a los voluntarios que imparten talleres de diversidad afectivo-sexual en los institutos madrileños. Rubiño cree que Ciudadanos «está actuando como un pirómano» que puede echar gasolina a la «estrategia de señalamiento de Vox» y se muestra preocupado porque «los homófobos y tránsfobos que agreden en la calle encuentran una legitimación en los discursos de odio que se vierten en las instituciones públicas». Anticipa que un Gobierno de PP y Ciudadanos en la Comunidad de Madrid no va permitir avances pero se pregunta «cuántos serán los retrocesos» al necesitar a Vox para cualquier mayoría. 

El primer senador de Más Madrid va a ser un referente político LGTBI. ¿Por qué le han elegido? 

Yo creo que tiene algo de declaración de intenciones. Estamos viviendo en un momento en el que los derechos LGTBI se encuentran más amenazados que nunca en los últimos años. Vivíamos en una época dorada, quizás, en cuanto a avances para las personas LGTBI y de repente nos encontramos con una extrema derecha que está accediendo a posiciones de influencia muy importantes y que pretende tocar todos esos derechos. También creo que es una manera de mandar al Senado algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. El Senado que ha sido una cámara que muchas veces se ha dedicado a retirar a viejas glorias de partidos que ya no encontraban su sitio. En nuestro caso es distinto. Para nosotros, el Senado es nuestra posibilidad de participar de la legislatura estatal y por tanto es una responsabilidad muy alta y yo estoy muy orgulloso de que mi partido haya confiado en mí para esta tarea.

¿Que se propone como senador? Leyes en camino, bloqueadas en el Congreso, como la norma LGTBI o la ley que despatologiza la transexualidad van a pasar por sus manos y las del resto de senadores.

Nosotros somos un partido de ámbito autonómico pero evidentemente todos los asuntos de política nacional nos interesan. Desde luego nosotros queremos participar de desatascar todas esas leyes que quedaron pendientes en la legislatura pasada y de intentar empujar para que haya cambios reales y que se aproveche una legislatura progresista como la que puede tener lugar. A mí me gustaría contribuir desde el Senado a desbloquear la ley LGTBI o la ley trans. También, por ejemplo, hacer posible que la profilaxis preexposición sea una realidad en España. Sería un avance importantísimo en la lucha contra el VIH. Pero también queremos impulsar otros temas como por ejemplo que se derogue finalmente la reforma laboral. Nosotros no vamos a renunciar a participar en ningún tema que pueda suponer un avance para los derechos sociales, laborales y políticos en España. 

Su llegada al Senado supone el estreno de Más Madrid, una plataforma autonómica y municipal, en una institución nacional. ¿Es un primer paso para crear una marca a nivel estatal? 

Yo entiendo que dado el resultado electoral que hemos tenido, que ha sido insuficiente para gobernar pero una irrupción muy fuerte en la Asamblea de Madrid con medio millón de votos y la primera fuerza en la ciudad de Madrid, evidentemente hay grandes expectativas en si vamos a dar un salto a la política nacional. Pero la verdad es que nosotros estamos completamente concentrados en que Más Madrid se afiance como una realidad en Madrid y que constituya una alternativa para los madrileños. Eso es lo que nos han pedido los votantes en las urnas y vamos a trabajar, entre otras cosas, en hacer un proceso congresual en otoño que tiene que servir para dotarnos de una estructura y de unos órganos que en este momento no tenemos.

¿En este congreso se decidirá una posible expansión nacional?

Este congreso servirá para constituirnos como realidad en la Comunidad de Madrid, para que no seamos solamente una plataforma que se ha presentado a las elecciones sino que por fin tengamos una estructura que permita tener una dirección electa mediante el sistema que acordemos que es más oportuno y que haga que tengamos una vida orgánica que en este momento sigue siendo mucho más líquida de lo que puede ser un partido.

¿A usted le gustaría que Más Madrid fuera Más País? 

Yo, como digo, estoy muy contento del resultado que hemos obtenido en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Creo que hay una tarea pendiente en evitar que los resultados supongan retrocesos importantísimos para la Comunidad Madrid y para el Ayuntamiento. Nosotros lo que tenemos que hacer es pelear para que cuanto antes estemos en disposición de gobernar. De hecho, vamos a tener que enfrentarnos a cosas concretas que van a pasar como lo que hemos vivido el jueves con Vox [una petición para identificar a los voluntarios que dan charlas LGTBI en los colegios] y lo que tenemos que hacer es concentrarnos en eso.

¿Qué posibilidades de éxito tiene la investidura nacional el próximo 23 de julio?

Pues no lo sé pero me preocupa mucho porque creo que tanto Partido Socialista como Podemos pueden cometer la irresponsabilidad de abocarnos a nuevas elecciones. En las pasadas se hizo un llamamiento muy importante a la ciudadanía a parar una amenaza muy seria, que era la posibilidad de que la extrema derecha fuera decisiva en el Gobierno de España. La gente respondió, hubo una participación histórica y se contestó a ese llamamiento de urgencia nacional. Si era tan importante acudir a las urnas. ¿por qué ahora no se ponen de acuerdo?

Esa es la pregunta que yo creo que se hace ahora toda la gente que hizo posible con su voto frenar la posibilidad de que la extrema derecha gobernara en este país con el Partido Popular y con Ciudadanos, de tal manera que nadie entendería ni que la legislatura no se ponga en marcha ya ni que nos viéramos abocados a nuevas elecciones. El Partido Socialista tiene que asumir que no tiene mayoría absoluta y es muy importante que tenga modestia. Y Podemos yo creo que debería también aprender a ceder y a anteponer los intereses del país por encima de los intereses del partido.

¿Considera que Podemos no está cediendo lo suficiente?

Yo creo que las dos partes tienen que ceder para que haya un desbloqueo de la situación. Creo que acabó el tiempo de las mayorías absolutas y de los gobiernos monocolor. Hay que ser generosos en todas las direcciones. No me corresponde a mí entrar a valorar la estrategia concreta de cada uno de los actores pero evidentemente creo que ambos pueden hacer mucho más de lo que están ofreciendo para evitar el mal mayor, que es ir a elecciones.

¿La fórmula es un gobierno de coalición?

Nosotros no estamos en las negociaciones y por tanto no sé cuál tiene que ser la fórmula. A mí me parece que el CIS ofrecía un poco la visión de lo que la gente espera. Yo creo que cualquiera de las fórmulas puede tener pros y contras pero lo importante es que se desbloquee la situación. Y yo hago un llamamiento tanto a Partido Socialista como a Podemos a que a que sean responsables y antepongan los intereses de la ciudadanía por encima de los del partido.

¿Es tan importante que Pablo Iglesias entre en el Gobierno?

No lo sé, habría que preguntárselo a él. Si eso es lo más importante, lo único de lo que depende algo tan importante como que tengamos un gobierno que permita que no retrocedamos, que no volvamos a la España en blanco y negro en un momento en el que hemos corrido riesgo real de una involución democrática como la que no habíamos visto en los últimos años. En cualquier caso, creo que nosotros predicamos con el ejemplo y en la Comunidad de Madrid hemos demostrado que con generosidad y tendiendo la mano se puede intentar hacer todo lo posible para demostrar a la ciudadanía que estamos por la labor realmente de hacer cosas útiles y no encasillarnos en si nosotros tenemos este cargo o el otro, o en si estamos en la foto de una manera o de otra.

Nosotros a nivel regional hemos intentado abordar una situación que era dramática, que es la posibilidad de que vaya a ser decisiva una fuerza como Vox. Eso es lo que nos ha llevado a tomar la postura que hemos tenido durante este proceso. No porque tengamos ningún tipo de confianza ni de expectativa en un partido como Ciudadanos, que está demostrando ser un colaborador necesario en muchos casos del Partido Popular más corrupto de los últimos años, sino porque lo que urgía era ponerle un cordón sanitario a Vox y esa era la única fórmula. En el Congreso a nivel estatal hay una aritmética completamente distinta.

El primer senador de Más Madrid, Eduardo Fernández Rubiño. / Patricia Garcinuño

Es su segunda legislatura en la Asamblea de Madrid. Entró como diputado regional en 2015 como parte de Podemos. ¿Qué puede decir hoy de este partido? ¿Se sigue sintiendo parte de él?

Yo opté por formar parte de una candidatura abierta que tenía como objetivo que Manuela Carmena revalidara la alcaldía. Fue la fórmula que ella deseaba, en la que se veía reflejada porque quería presentarse como una plataforma abierta a la ciudadanía y no con un partido político al uso. Y eso es lo que a mí me hizo apostar por Más Madrid y por constituir un proyecto que ayudara a oxigenar la política madrileña. Creo que es muy importante que además hubiera esa doble vertiente y que también estuviéramos candidatura en la Comunidad Madrid y en otros municipios. Y ha supuesto en mi opinión un soplo de aire fresco a la política madrileña.

Más allá de eso creo que Podemos cometió un error no entendiendo la propuesta que estaban lanzando Manuela e Íñigo en su momento, pero fundamentalmente siento que Podemos en los últimos años ha abandonado el rumbo que inicialmente hizo que fuera un proyecto interesante. Yo ayudé a constituir Podemos en los orígenes. Me llamaron para formar el primer equipo de redes sociales de Podemos cuando aún ni siquiera se había presentado en la primera rueda de prensa y yo me embarqué porque pensé que podía ser una herramienta abierta y transversal que apelara a personas con independencia de su lugar de procedencia ideológica.

Podemos era una formación que quería mirar al conjunto de la sociedad y no quedarse simplemente con el extremo izquierdo del tablero para ocupar un espacio que normalmente le ha correspondido a Izquierda Unida, que es actualmente donde creo que Pablo Iglesias ha querido llevar el proyecto de Podemos. Me parece que desgraciadamente el rumbo actual del partido se ha olvidado del espíritu original de transversalidad con el que nació y con el que fue posible aquel torrente de ilusión que a muchos nos llevó a participar con todo lo que teníamos y a dejarnos la piel.

Hace unos meses se hizo viral un discurso suyo en la Asamblea en el que pedía a Ciudadanos que se comprometiera a no pactar con Vox. Fue en febrero de 2019. ¿Fue una premonición? ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Yo les dije, efectivamente, que si querían demostrar el compromiso que tenían con las personas LGTBI era muy sencillo: que se dejaran de hacer fotos con banderas LGTBI en Colón para tapar la foto de Abascal junto a Rivera y que dijeran claramente que no iban a pactar con una fuerza homófoba y tránsfoba. Lo que ha ocurrido pasados unos meses es que se ha demostrado que esa pregunta era muy pertinente porque lo que estamos viendo ahora es que todo apunta a que han tomado una decisión, en mi opinión histórica, que va a marcar de por vida a una formación como Ciudadanos que podía haber ocupado un papel diferente en el sistema de partidos español y que ellos mismos han optado por virar y entregarse en manos de la extrema derecha y ser nada más que el perrito faldero de Vox.

Creo que esa decisión les va a pesar y está haciendo que, para empezar, tengan la crisis interna más fuerte que ha vivido Ciudadanos en los últimos años. Estamos viendo la salida de fundadores o de personas de su Ejecutiva como Toni Roldán. Y no es casualidad que haya sectores importantes de ciudadanos que digan: «Mire usted, yo no me metí en una formación que se decía liberal para acabar pactando con la extrema derecha». Desde luego se podía ver antes de antes de las elecciones que iban a optar por este camino, pero nosotros hemos querido hacer todo lo posible por demostrar que si han optado por esta opción no es porque no tengan otra. Esto muestra mucho más a las claras que si se entregan en manos de la extrema derecha es porque ellos lo han decidido.

¿Cree que Ciudadanos ha claudicado ante las peticiones de Vox en el documento firmado con el PP?

Ahora mismo hay un ritual de la confusión con documentos que un día son secretos, otro día lo firman solo dos, luego resulta que dicen que no van a hacerse una foto con ellos y se hacen un book… Hoy creo que el papel también lo aguanta todo y en cualquier caso estamos ante un ritual en el cual Ciudadanos intenta llegar a esos acuerdos con Vox pero intentando que se haga con la luz apagada y que no veamos cómo se están llevando a cabo.

La señora [Isabel Díaz] Ayuso, sin embargo, está diciendo que en ese documento ha recogido muchas de las propuestas de Vox y desde luego pues ahí vemos que, por ejemplo, ella dice que está abierta a modificar leyes como la ley LGTBI o la ley trans, o que van a hacer determinadas cosas con la inmigración, o que están dispuestos a que la educación vuelva a estar basada en el respeto a la moralidad de los padres y no en la garantía de derechos fundamentales como puede ser que en la escuela se enseñe que cada uno puede ser libre y puede tener la vida que elija, que al final no es más que eso lo que lo que hacen los talleres LGTBI que intentan luchar contra el acoso escolar en las aulas.

¿Es compatible que Ciudadanos acepte los votos de Vox para presidir la Asamblea de Madrid y vaya a la manifestación del Orgullo LGTBI?

En mi opinión y en la opinión de los colectivos y de los activistas, pues no. El Orgullo es una manifestación política; el Orgullo todos los años tiene una agenda política que pone sobre la mesa y nos pide a los partidos que nos comprometamos para poder participar en esa movilización. Exactamente igual que si uno va a la manifestación del 8 de marzo tiene que cumplir con las demandas que las convocantes han puesto sobre la mesa. Si uno va a la manifestación de los sindicatos para pedir que se derogue la reforma laboral pues tienen que compartir que se derogue la reforma laboral. Bueno pues este año lo que pedía la manifestación del Orgullo en la carta de compromiso era algo tan básico como no llegar a acuerdos ni depender de los votos de partidos absolutamente homófobos y tránsfobos que en este momento son la mayor amenaza para los derechos LGTBI que existe en la Comunidad de Madrid y en el conjunto de España.

Así que Ciudadanos no puede llevarse a engaños. Sabía perfectamente que si vas a una manifestación en contra de lo que los manifestantes están pidiendo no vas a ser precisamente bien recibido. Lo que pasa es que, claro, cuando en informes internos de su partido explican con pelos y señales cómo esa estrategia de acudir a lugares a generar tensión les ofrece réditos electorales y les permite captar la atención mediática, pues ya sabemos perfectamente a qué juego están jugando. Básicamente han desatado una ofensiva contra el movimiento LGTBI como no habíamos visto en los últimos años en un intento, en mi opinión lamentable, de criminalizar a los activistas LGTBI y a organizaciones que llevan décadas luchando por los derechos que disfrutamos hoy: por el matrimonio igualitario, por el derecho a adoptar, por cosas que hoy en día nos parecen básicas pero que Vox está intentando amenazar.

Ciudadanos no puede llamar fascistas a los colectivos LGTBI y luego hacerse una foto como la que se hizo con la señora Rocío Monasterio (Vox) unos días después. O decir que Vox está en su derecho de pedir los nombres y los apellidos de los activistas LGTBI que en las aulas imparten talleres LGTBI como lo hizo el señor Aguado. Me parece que desde luego tienen mal calibrado los calificativos cuando llaman fascistas a los activistas LGTBI y no encuentran palabras para describir a personas como Rocío Monasterio, que dicen que las personas LGTBI despiden un hedor un hedor insoportable.

¿Ciudadanos ha adoptado la provocación como estrategia política?

Sin ninguna duda creo que Ciudadanos en este momento es el partido que más tensión y más polarización trata de generar en la política española en un momento en el que la ciudadanía está pidiendo precisamente que bajemos el tono y que seamos responsables para no producir permanentemente una fractura en la sociedad.

Ciudadanos está actuando como un auténtico pirómano y jugando permanentemente a crispar a todo el mundo. Es la única estrategia que ha encontrado para mantenerse en el candelero. Yo pienso que a la larga les va a pasar mucha factura porque creo que la ciudadanía hace ya mucho tiempo que está cansada de estar permanentemente en este nivel de tensión, en este nivel de enfrentamiento, y que lo que valora en este momento son más bien actitudes que permitan entendernos más allá de las diferencias que podamos tender tener.

Pero Ciudadanos sí que se compromete por escrito, por ejemplo en el acuerdo que ha firmado con el PP, a defender los derechos LGTBI.

Faltaría más. Porque entonces estaríamos hablando de que comparten directamente el programa con Vox y obviamente Ciudadanos de cara a la galería intenta ofrecer otra cosa. El problema es que la hipocresía tiene un límite. En política no puedes estar por la mañana pidiendo que se cumplan los derechos LGTBI y por la tarde sentándote con Rocío Monasterio para intentar que formen parte como actor decisivo en la legislatura. Creo que cuando Ciudadanos criminaliza al movimiento LGTBI, como han hecho estas semanas, está haciendo todo lo contrario a defender los derechos LGTBI. Es más, está siendo un colaborador necesario de la misma estrategia política de señalamiento de los colectivos LGTBI que está intentando llevar a cabo Vox.

Al final son dos elementos que se complementan. Por un lado Vox pide listas de los colectivos LGTBI y, por el otro, Arrimadas se pasea por todos los platós de televisión llamando fascistas a los colectivos LGTBI y en algunas ocasiones incluso compartiendo un argumentario muy parecido al de Vox diciendo que los colectivos están politizados o que son chiringuitos. Yo les recordaría que antes incluso de que Ciudadanos existiera ya había colectivos como Cogam que estaban intentando que fuéramos ciudadanos de primera y no de segunda, como éramos en este país. Deberían tener un poquito más de respeto y un poquito más de humildad a la hora de hablar de eso que están ya muy cerca de llamar chiringuitos y que han sido algunos de los colectivos que más han trabajado por la democracia de toda la ciudadanía en un país como España.

Eduardo Fernández Rubiño, durante la entrevista. / Patricia Garcinuño

Eduardo Fernández Rubiño, durante la entrevista. / Patricia Garcinuño

¿Comparte entonces que se les bloqueara el paso en la manifestación?

Yo entiendo perfectamente que la gente quiera expresar su opinión y luego puedes entrar en valorar cada una de las acciones concretas que pueden suponer una protesta o una acción de desobediencia o de protesta social. Ahí caben muchas valoraciones pero lo fundamental es que cuando uno acude a un lugar público y es político, nos ha pasado a todos los que estamos en política, a veces escuchas cosas que no te gustaría. A veces te encuentras con que alguien señala algo con razón o sin que va contra ti. Creo que forma parte de la libertad de expresión y que deberían tener la piel un poco un poco menos fina.

Sobre todo teniendo en cuenta que acudes a una manifestación con un lema que es ‘Al Orgullo vamos’, un lema que no refleja ningún tipo de temática LGTBI y simplemente parece que es una pancarta en la que lo que dice es que por narices van a estar en la manifestación, le pese a quien le pese. Si los colectivos les han pedido que no acudan y acuden, lo hacen buscando una reacción muy concreta. Si vas buscándola y la encuentras, me parece totalmente indignante que después te dediques a llamar fascistas a gente que, por otro lado, no produjo ningún tipo de agresión física, en cuyo caso estaríamos hablando de algo bastante diferente. Nosotros mismos nos hemos encontrado muchas ocasiones en las que hemos sufrido a alguien que nos ha increpado por la calle y creo que en política hay que tener las espaldas anchas también.

El PP ya se ha comprometido a impulsar la revisión de algunos aspectos de la ley LGTBI y Vox ha pedido que se identificaran a los voluntarios que imparten cursos de diversidad sexual en los colegios e institutos. ¿Qué consecuencias puede tener todo esto?

Vamos a ver cómo transcurre la legislatura pero da realmente miedo que las primeras acciones y las primeras cosas que se están poniendo sobre la mesa tengan que ver con este tipo de cuestiones. Es realmente preocupante que en una comunidad como Madrid, que tiene decenas de colegios que están en manos de grupos ultracatólicos que en muchas ocasiones imparten una ideología y una moral ultracatólica, haya quien quiera poner el acento en que hay adoctrinamiento en las aulas o se imparte ideología de género porque hay colegios que apuestan por la diversidad y por la libertad de los niños y de las niñas.

Si nosotros hubiéramos ganado las elecciones, nos gustaría que hubiera un programa coordinado que permitiera que en la Comunidad Madrid existiera una estrategia integral educativa para garantizar la libertad de los estudiantes. Y eso pasa evidentemente por liberar las aulas de todo tipo de homofobia y transfobia y por hacer que esos talleres, que ahora mismo se dan de una forma completamente voluntaria y también un poco al gusto de cada centro, fueran una cosa que se extendiera por toda la Comunidad de Madrid. Hace falta, además, un protocolo de atención integral para las víctimas de LGTBfobia, poner en marcha el Consejo LGTBI de la Comunidad de Madrid, que se cumplan las leyes que a día de hoy están metidas en un cajón y que se aprobaron la legislatura pasada.

Ya sabemos que en esta legislatura no vamos a avanzar en ese sentido. Ahora la pregunta es si vamos a retroceder y cuánto vamos a retroceder. Y a mí me preocupa porque hay cosas que probablemente no van a poder llevar a cabo, como obtener los datos de los voluntarios que imparten cursos de diversidad afectivo-sexual, pero sí sientan un precedente y marca un determinado rumbo. Porque cuando el día de mañana haya que hacer presupuestos en la Comunidad de Madrid, vamos a ver cómo programas que en este momento son absolutamente esenciales para cubrir aspectos a los que la Administración no llega y que cubren asuntos tan importantes como por ejemplo la atención a las víctimas o la atención a personas LGTBI en riesgo de exclusión pueden verse en riesgo porque estos señores tengan la llave de los presupuestos. Con lo cual el riesgo de involución es altísimo.

¿Cómo puede condicionar el debate y el relato que en las instituciones haya discursos abiertamente lgtbifóbicos?

Es una pregunta crucial porque muchas veces nos quedamos en los efectos puramente jurídicos o materiales que tienen las políticas y perdemos de vista que las palabras a veces son las armas más fuertes que tenemos cuando de repente entran en la escena pública determinados discursos. Esos homófobos o esos tránsfobos que, por ejemplo, cometen una agresión en las calles o que hacen algo como lo que vimos en el McDonald’s de Barcelona serían completamente marginales en otro contexto, pero sin embargo, encuentran una legitimación en los discursos de odio que se vierten en las instituciones públicas.

Además, el problema es que lo que debería ser una pequeña excepción, por el número de votos y de representantes, se integra en la vida en la vida política en la medida en que el Partido Popular y Ciudadanos los convierten en socios preferentes de esa manera. Al final lo que va a pasar es que se van a legitimar toda una serie de discursos que pueden provocar un retroceso social y cultural que puede ser incluso más grave que un retroceso formal de derechos.

¿Cómo afronta los próximos cuatro años compartiendo parlamento con Vox?

A mí me resulta muy desagradable. Yo he estado cuatro años en una cámara en la que te tomabas un café en la mesa de al lado de una persona que quizás al día siguiente tenía que dimitir porque había sido imputada en un caso de corrupción. En el caso de Vox es distinto porque es una fuerza que niega la existencia a mucha mucha gente, entre otros a un colectivo como el colectivo LGTBI en el que yo me incluyo. Cuando hay una fuerza política que está intentando quitarte tu derecho a casarte, tu derecho a adoptar, tu derecho a poder acceder a un tratamiento para hacer un tránsito en el caso de las personas trans… Cuando están intentando quitarte lo más básico que te puede conformar tu felicidad, lo que están negando es tu propia existencia. Es muy difícil convivir con alguien que está atacando cosas tan esenciales de tu vida personal. 

¿Hay muchos armarios en la política?

Cada vez menos, afortunadamente creo que ha habido precedentes importantes. Creo que cada vez hay más personas abiertamente LGTBI en política y me parece muy positivo. Aunque sigue habiendo armarios. Creo que todo el mundo que haya estado en política sabe que hay personas LGTBI que prefieren no decirlo, pero creo que hay sectores en los que queda mucho más camino por recorrer. 

Al margen de esto, creo que los políticos tenemos una responsabilidad especial en ser visibles porque es muy importante que se entienda que las personas LGTBI podemos ocupar puestos de responsabilidad y que estamos en primera línea de algo tan importante como dirigir las instituciones de nuestro país. Eso es un paso fundamental para que se abran otras esferas y creo que los pioneros de la visibilidad que hubo en política, como por ejemplo Pedro Zerolo, abrieron un camino gracias al cual mucha gente se sintió reflejada y pudo crecer de forma más libre en nuestro país.


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