Hace años, EL PAÍS me publicó una carta en la que denunciaba la censura en literatura infantil y explicaba que no eran las editoriales las inquisidoras, sino la sociedad entera. Ahora esta actitud se ha extendido también a los receptores adultos por parte de las instituciones públicas. Siento que nos tratan como a seres sin criterio, decidiendo por nosotros a qué contenidos debemos acceder e intentando adoctrinarnos constantemente en las series de televisión. ¿No será que está sufriendo este país una infantilización?

Carmen Gil Martínez. La Línea de la Concepción (Cádiz)

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