Luis Cueto tiene claro que las ocasiones hay que pillarlas cuando vienen. Lo explicó en un encuentro sobre compra pública y lo ha demostrado desde que aterrizó en el gobierno municipal de Madrid. En las elecciones del próximo domingo entrará en el Ayuntamiento en un puesto poco memorable —el 17— y comenzará a vivir su primera experiencia como cargo electo. La ocasión la pintan de colores pastel para Cueto, nacido en Madrid en 1961 en el seno de una familia numerosa: es el futuro concejal de una oficina creada para su uso y disfrute. La Concejalía de Empresas que se pondrá en marcha si Manuela Carmena, alcaldesa con Ahora Madrid y candidata con Más Madrid, suma los apoyos necesarios para seguir en la alcaldía.

Futuro concejal, si dan los números, Cueto parece nacido para encontrar cruces de caminos. Allá donde se encuentran lo público y lo privado, donde la izquierda sociológica y los negocios como siempre se intercambian mensajes de WhatsApp, donde la FAES y el Ibex se mezclan con asaltacapillas y antiguos okupas. En ese justo término medio se ha situado Luis Cueto.

Ha sido necesaria la arrolladora personalidad de su tía política, Manuela Carmena, y el aplauso de los medios de comunicación y del poder realmente existente en la capital, para que salga adelante el plan de ese gris técnico con retranca que decía al aburrido público de un sarao sobre compra pública que quien no corre, vuela. Pero vaya si el plan ha funcionado. El dúo Cueto-Carmena te cambia la ciudad en ocho años. Porque las ocasiones hay que pillarlas al vuelo.

Hoy, Madrid compite en el mercado de las “smart cities” y, en su visionaria propuesta, lo hará al doble de su capacidad cuando el norte de Madrid se transforme en el “gran centro de inversión” que “necesita” la ciudad. La clave está en algunas de esas palabras que dichas por un cualquiera suenan a chuchería, pero que Cueto y Álvarez de Sotomayor esparce con el garbo de un vecino de Retiro acostumbrado a ganar: creatividad, emprendimiento e innovación. Palabras chisporroteantes que exorcizan otras —desigualdad, desahucios, pobreza— y prometen una ciudad a medio camino entre Cuéntame cómo pasó y Gattaca.

La hora de los gestores

Cuando, en junio de 2015, este funcionario del cuerpo de Administradores Civiles entró en el Palacio de Cibeles nadie prestó demasiada atención a la noticia. En mitad del conflicto por los tuits de Guillermo Zapata (la primera en la frente), el nombramiento de Cueto pasó desapercibido para el gran público. Los “bárbaros” que se estrenaban en los despachos del Ayuntamiento desconfiaban del elegido para ser la mano derecha de la alcaldesa. Nadie le conocía y su designación parecía una evidencia más del desprecio olímpico de Carmena hacia Ahora Madrid y todo lo que sonara a rendición de cuentas. Entre los naturalmente suyos —la gente guapa de las terrazas de Jorge Juan y las mesas del restaurante Alabaster— el recibimiento fue hostil. No había nada personal contra él, pero se trataba de atacar por tierra, mar y aire al nuevo gobierno.

Los medios de comunicación señalaron en agudos artículos que la nueva política reproducía los peores vicios de la casta: colocar a dedo a familiares. Pero la hostilidad no iba a durar. Las capacidad de Cueto para situarse en el centro se impuso al recelo. A fin de cuentas, muchos de los bárbaros nunca lo habían sido y otros se iban a adaptar muy rápidamente a la política con mayúsculas (las de IBEX). Solo unos pocos resistieron y hoy están fuera de la candidatura de Carmena.

Entre los suyos, pronto se comprobó que el servidor público que creía con verdadera fe en la colaboración público-privada era un ejemplar perfecto de caballo de Troya en el corazón del proyecto de ciudad del cambio. Para sellar ese pacto, apenas dos semanas después de la llegada de Cueto al Palacio de Cibeles, la alcaldesa firmaba con la exministra Cristina Garmendia —no diga Garmendia, diga lobby— la entrada del Ayuntamiento en el patronato de la Fundación Cotec para la innovación, el brazo futurista del Ibex 35. Consecuencia: un puesto en el patronato para Luis Cueto junto a representantes de Telefónica, OHL o el Santander entre otros. El objetivo ha sido pensar los procesos en la transición económica y social que Cotec anuncia y aplicarlo en ciudades como Madrid. A un precio competitivo, se entiende, “al fin y al cabo, no somos comunistas”, como se decía en El Padrino II.

Junto a Cueto entró Alejandro Klecker, marinero en tierra, un hombre bien situado en la escala de poder que comenzó la legislatura como vocal asesor y es el actual director general de la Fábrica de Tapices. También llegó Carmen Román, responsable política del organismo de informática municipal (IAM), gerente de la Ciudad desde 2015. El IAM fue un escenario de uno de los escándalos menores en torno al Ayuntamiento, mucho menor que los disfraces de la cabalgata de Reyes: la denuncia anónima de un caso de incumplimiento de servicios —facturas falsas— en un contrato con Telefónica por un monto de 719.000 euros. El caso terminó con la destitución de Francisco López Farled, que había denunciado el incumplimiento de contrato en un informe interno.

Cueto, Klecker y Román formaron, en la primera etapa de la legislatura, el núcleo duro de los gestores en torno a Carmena, un cerebro que funcionaba al margen, incluso a pesar, de algunos de los bárbaros. Aquellos “miembros muy radicales de izquierdas” se interpusieron en el camino de los gestores en varias ocasiones. La más sonada tuvo lugar en diciembre de 2017, cuando la alcaldesa intervino el área de Hacienda, destituyó a Carlos Sánchez Mato y marcó definitivamente a los seis concejales que no votaron el Plan Económico Financiero de la capital. Tras aquel episodio, y después del caso del IAM, Román —una de las protagonistas de la negociación con Montoro durante los peores momentos de la crisis— pasó al equipo del Ministerio de Hacienda, en aquel entonces en manos del PP.

Madrid como Unidad de Destino

Ocho meses antes de la crisis que terminó con la salida de Sánchez Mato del área económica, el camino del gestor Cueto ya se había transformado en el del futuro concejal del área de Empresas. Tras la salida “limpia” de Mayer del área de Cultura, Cueto se puso al frente de Madrid Destino, un organismo con presupuesto de 90 millones de euros, el mejor trampolín para la promoción de la “marca Madrid”.


El altavoz de Madrid Destino facilitó mucho el ascenso del Cueto-portavoz. En primer lugar, el nuevo director cerró la participación del Ayuntamiento en el caso del Open de Tenis de Madrid —cuya posdata se ha conocido este mes de abril con la ampliación del convenio con el propietario de la marca— desautorizando a la propia Mayer, Sánchez Mato y Ane Varela, las tres personas que denunciaron las irregularidades del convenio firmado en la etapa del PP. No fueron los únicos cadáveres que vería pasar desde su nueva ubicación: meses después de su llegada al cargo, todo el equipo directivo original de Madrid Destino había sido cesado o ya no estaba. 

Patrizia Sandretto, un nombre que dice poco a la ciudadanía, fue una de las personas más felices con el cambio de guardia al frente de Madrid Destino. En 2017, el Ayuntamiento firmaba con Sandretto, coleccionista privada de arte, la cesión por 50 años de la Nave 9 del complejo cultural de Matadero. Entre los menos contentos, la plantilla de Madrid Destino, cuyas condiciones laborales siguieron siendo precarias, y La Ingobernable —a quien Cueto ha llamado jetas—, espacio recuperado que no tiene la suerte de recibir un edificio municipal con una cesión por 50 años.


Un acuerdo internacional ambicioso terminó con la cesión de otro edificio municipal para la creación de la Casa de México en Alberto Aguilera —“a espaldas de los vecinos y vecinas del barrio”, según la Federación de Asociaciones de Vecinos—. El primer beneficio, la presencia de Madrid como invitada especial en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), previo pago de alrededor de dos millones de euros, que el Ayuntamiento anunció se sufragarían dando entrada a patrocinios. La nueva Copa Davis —organizada en torno al futbolista Gerard Piqué—, el festival Mad Cool y el proyecto de una playa urbana en la plaza de Colón son otras de las visiones que Cueto ha aportado al frente de la agencia cultural-turística de la ciudad.

Madrid como escaparate

El cine como escaparate —en realidad, cualquier actividad que pueda poner a Madrid en el escaparate— ha constituido una pequeña obsesión para Cueto. Pero la explotación de la marca Madrid trajo algún fruto pocho. Fue el caso de los Oscar de Bollywood, para el que el Gobierno local aprobó una subvención de más de un millón de euros (¡con lo que el Cueto innovador odiaba las subvenciones!). El millón fue a parar a la International Indian Film Academy (IIFA), un chiringuito más entre el puñado de chiringuitos que organizan galas de los “Oscar de Bollywood” por el mundo, llenas de creatividad, luz y color, a millón —o lo que se tercie— la gala.


Tras Bollywood, la gala del Cine Iberoamericano de 2017 iba a ser el segundo intento. Los premios Platino, organizados por Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA) y por el siempre ocurrente presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, iban a poner los ladrillos de la Miami de Europa. La ocasión permitió ver a Cueto en su escalada retórica: ante la imposibilidad de cuantificar cuál iba a ser el beneficio económico de los premios Platino para Madrid, dijo que iban a permitir “desarrollar procesos” y aportarían efectos “intangibles”, ya que la ciudad iba a acoger un espectáculo con una audiencia potencial de 1.500 millones de telespectadores. Todo muy potencial, ya que la realidad insiste en mostrarse tozuda: en España, solo un 5,5% de la audiencia siguió las andanzas del presentador Carlos Latre. “Si te acuerdas de la Movida es porque no lo viviste” transformado en “si te acuerdas de los premios Platino es porque trabajabas en el Ayuntamiento”.

El técnico tiene un plan

Aunque el ocio tiene un lugar predominante en la agenda creativa, el plan va mucho más allá. Situarse en las primeras posiciones en la competición de las “smart cities” es la visión de Luis Cueto para la ciudad y también para las personas que viven en Madrid, que son “un término que hay que meter en la ecuación”. El Ayuntamiento, que no ha ejecutado el presupuesto destinado a innovación, sí ha llevado a cabo algunos proyectos público-privados: un megacontrato con Telefónica —patrona de la Fundación Cotec— para la gestión de telefonía e internet del Ayuntamiento y dos proyectos piloto de colaboración con el imperio Google: la Nave de startups Villaverde (campus Google en el discurso de Carmena) y el el convenio para el intercambio de información con Waze, subsidiaria de Google.

Experiencia de usuario, diseño de productos y servicios, inteligencia artificial, realidad virtual, big data,

blockchain…
Cueto ha visto el futuro y apadrinó, en 2018, el encuentro Experience Fighters, con lo más granado del capitalismo de datos. Un monumento a la colaboración público-privada para el futuro de la ciudad. Una oportunidad para el diseño de la nueva ciudad de Madrid mano a mano con actores sinónimo de lucro como Facebook, Google, Amazon, Everis o PwC. Esa carrera por encabezar el ranking de las ciudades inteligentes tiene efectos colaterales, como la hostilidad del gremio de los taxistas hacia Más Madrid por el alineamiento de Cueto y Carmena con la Comunidad de Madrid a favor del sector de las VTC.

Si los algoritmos y los cacharritos no funcionan, o para que funcionen, la segunda parte del plan tiene otro sustento: el viejo ladrillo. Junto a José Manuel Calvo —concejal de Urbanismo y joven padawan de Cueto— y al concejal de Economía Jorge García Castaño —el auténtico corcho de la política madrileña—, Cueto ha formado un núcleo terco que ha dinamizado hasta casi su aprobación la Operación Chamartín (rebautizada como Madrid Nuevo Norte). Finalmente, el PSOE ha parado esta semana el pleno extraordinario con el que Carmena y su equipo querían dejar blindado un proyecto denunciado por bolivarianos como Eduardo Mangada, consejero de Urbanismo de la Comunidad de Madrid durante ocho años.

En mayo de 2018 se anunciaba la creación de la oficina Madrid Investment Attraction (MIA) que, unida a un acuerdo con la Cámara de Comercio, avanzó sobre el modelo de gobierno que aspira a consolidarse sin contrapesos a partir del 26 de mayo. Como señalaron Pedro Ramiro y Erika González en un post en 2018, tras el oropel de la innovación y la creatividad, la certeza es que el único vector económico que se ha movido realmente en el último lustro en Madrid es el de la inversión inmobiliaria. La inocente pretensión —por cierto, compartida con la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes— de convertir el norte de Madrid en una nueva City financiera solo adquiere sentido cuando se atiende a los actores invitados a su puesta en pie: OHL, ACS, Sacyr, Grupo San José… Los sospechosos habituales del negocio del ladrillo, encantados de revestirse con lenguaje innovador y futurista si se trata de seguir con los negocios como siempre.

Ni de izquierdas, ni de derechas: del poder

Durante el debate preelectoral en la Cadena Ser, al que acudieron los seis candidatos con opciones de salir el próximo 26 de mayo, un militante de Madrid En Pie se preguntó si era el único que pensaba que el PSOE ha pasado por la izquierda a Manuela Carmena. Le respondió Luis Cueto, confirmándole que sí, que es el único. Lleva razón. La marca Carmena ha sido, especialmente desde enero, un potro desbocado, que ha sumado apoyos de figuras destacadas de Mediaset —grupo del que, ejem, Cristina Garmendia es consejera—, de la cultura y la sociedad del espectáculo. Carmena ha trascendido la noción de izquierdas a favor de la “transversalidad”, en palabras de Cueto. Y lo ha hecho sin dejar de ser una referencia del cambio —entendido esta con sus contradicciones y desconcertantes vaivenes— pero dejando fritos en el camino a cientos de sherpas que construyeron el cambio en Madrid.

Desde su discreto puesto en las listas, el futuro concejal de Empresas —si dieran los números— ha avanzado en esta campaña un plan que profundiza en la línea que marcó al entrar en el equipo de Carmena. Una línea que, estrictamente, no es ni de izquierdas ni de derechas ni tiene color. Que se basa, antes que nada, en la capacidad de modelar la realidad de desigualdad de la ciudad para hacerla compatible —y de hacerlo, además de forma virtuosa— con los poderes que manejan el cotarro. Como ha señalado Carlos Prieto del Campo, el dúo de la número 1 y el 17 ha ofrecido al sector privado “la posibilidad de gestionar el Ayuntamiento de la ciudad de un modo tan eficaz como el de la derecha, pero aislado de la presión de la izquierda social”.

Lo que comenzó como un proceso para bajar a la tierra las ideas y perspectivas del movimiento del 15M en la ciudad de Madrid terminará, si dan los números, en la creación de una Concejalía de Empresas. Eso sí, una Concejalía de Empresas adornada con la mejor de las sonrisas. Hay quien sabe pillar las oportunidades al vuelo y hay quien no tiene la capacidad o, sobre todo, los medios, para hacerlo. Luis Cueto ha demostrado ser de los primeros. Por más que vaya en el puesto 17.


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