Los análisis pronostican que los madrileños seremos la clave del 26-M. Por si acaso, me gustaría compartir algunas impresiones con mis vecinos. Díaz Ayuso achaca las críticas que recibe a su condición de mujer, sumando un despropósito más a una larga lista, como si todas las mujeres produjéramos disparates al mismo ritmo que esta candidata del PP, que elogia el trabajo basura, echa de menos los atascos nocturnos en el Distrito Centro —¡cómo se nota que no duerme por aquí!— y considera que el Orgullo Gay ofende a las familias. Villacís, por su parte, ha dejado claro que está dispuesta a gobernar con Vox y con eso está todo dicho. Como no voy a votar a ninguna de las dos, me han afectado más las decisiones de la Junta Electoral Central, que no ha encontrado inconveniente en que Ciudadanos empapele la calle de Alcalá con una foto de Carmena y Errejón, con críticas a la gestión de la primera, pero ha prohibido que los madrileños cuelguen banderas con las caras de ambos en los balcones, después de negar, incluso a la alcaldesa, publicidad gratuita en las farolas y vetar su presencia —después sólo la del candidato a la Comunidad— en los debates. O sea, que para que le crucifique Ciudadanos, Errejón no es nuevo. Para debatir en televisión, sí lo es. O sea, que yo puedo colgar una bandera del Atleti en cualquier momento, pero ninguna con la cara de unos candidatos, aunque me identifique con ellos tanto como con mi equipo. ¡Ah!, pero Vox sí va a participar en los debates, pese a no haber obtenido representación previa ni en el Ayuntamiento ni en la Comunidad. ¿Cómo justifica la JEC su disparidad de criterio entre Vox y Más Madrid? No he conseguido enterarme. Por eso he decidido convertir esta columna en un balcón y colgar lo que me da la gana.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.




Source link

Deja un comentario