Es hora de reivindicar a quien se caracterizó por su honestidad e inteligencia. Tras haber desempeñado los más altos cargos, Rubalcaba no utilizó ninguna puerta giratoria, sino que retornó a su aula universitaria. Pocos han hecho nada semejante y no se otea en el horizonte quién pueda volver a hacerlo, aunque algunos pretendan definir así su futuro tras pasar unos años dedicados a la política. Su discreción y pragmatismo han rendido servicios impagables al país. No es casual que su paso por el Ministerio del Interior coincidiera con la derrota definitiva de ETA. Le tocó bailar con la más fea y supo retirarse con una gran elegancia cuando creyó que ya no sería de utilidad. Nunca se le reconocerá lo suficiente.

Roberto Rodríguez Aramayo

Madrid

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